domingo, 30 de octubre de 2011
Deuda pública (Un escrito de actualidad)
jueves, 27 de octubre de 2011
lunes, 24 de octubre de 2011
El marxismo humanista de Raya Dunayevskaya
Gilberto López y Rivas (La Jornada, 2 de abril de 2010) Este año se celebra el centenario del nacimiento de la teórica y revolucionaria marxista Raya Dunayesvskaya (1910- 1987), de quien leí recientemente una de sus obras más importantes: Filosofía y revolución, de Hegel a Sartre y de Marx a Mao (Siglo XXI, 2009), en la cual se expone una perspectiva crítica del marxismo que resulta imprescindible conocer a profundidad, entre otros motivos por su contribución a la comprensión de los procesos trasformadores que actualmente tienen lugar en el mundo, particularmente en América Latina.
Ucraniana de nacimiento, Raya se instala con su familia en Estados Unidos en 1922; llega a México en 1937 como secretaria de Trotski en idioma ruso, rompiendo con él por sus divergencias políticas respecto de la caracterización de la Unión Soviética: mientras ella pensaba, sobre todo después del pacto de no agresión Hitler-Stalin de 1939, que Rusia no era más un Estado de trabajadores, el fundador del Ejército Rojo sostuvo siempre que era un Estado obrero, aunque degenerado. En 1938 regresa a Estados Unidos, donde lleva a cabo una intensa actividad política y una prolífera producción intelectual, relacionadas ambas con el periódico News and Letters, expresión de la corriente marxista-humanista que ella fundó en los años 50. Sustenta que originalmente Marx denominó sus nuevas elaboraciones teóricas no materialismo ni idealismo, sino humanismo.
Congruente con la i
dea de que la teoría sólo puede desarrollarse plenamente cuando se asienta en lo que las propias masas hacen o piensan, destaca que para Marx lo fundamental consistía en que el ser humano no era meramente objeto, sino sujeto; que no únicamente estaba determinado por la historia, sino que también la creaba.
A partir de estos planteamientos, Raya hace una crítica radical al vanguardismo: ¿las masas campesinas o proletarias son las forjadoras de la historia, o solamente les corresponde someterse a una « dirección » y recibir órdenes? ¿Deben ser masas pasivas al día siguiente de la revolución? Precisamente, en su condena al estalinismo afirma que este régimen sofocó la espontaneidad de las masas: el Estado absorbió a los sindicatos y a todas las organizaciones obreras de tal manera que la propiedad estatal, el plan estatal, el partido, eran los fetiches por los cuales los trabajadores debían ofrendar su vida.
Dunayesvskaya propone, en cambio, una perspectiva que se fundamenta en el sujeto autodesarrollado, y se alinea con Lenin, quien, a su juicio, consideró a las masas, el proletariado, el campesinado, e incluso la nacionalidad oprimida, como sujetos autodesarrollados. Lenin creía que se necesitaba un nuevo impulso teórico porque había nacido un nuevo sujeto: la autodeterminación de las naciones.
También discrepa con Trotski en su concepción del campesinado, quien no lo consideraba sujeto autodesarrollado ni tampoco le concedía una conciencia nacional ni mucho menos socialista.
Dunayevskaya mantiene, por el contrario, que la iniciativa política no es siempre patrimonio exclusivo de la clase obrera. Cuando las masas son el sujeto no debe analizarse una revolución a partir del liderazgo, sino del sujeto autodesarrollado. Afirma que Trotski siempre se preocupó demasiado del problema de la dirección, subordinando al sujeto autodesarrollado.
Aunado a esta perspectiva –muy útil para el análisis de los indígenas como sujetos autodesarrollados–, es sumamente interesante su crítica al estatismo: “el subjetivismo pequeño burgués –sostenía– siempre ha concluido aferrándose a determinado poder estatal, y lo ha hecho sobre todo en esta época de capitalismo de Estado, cuyos intelectuales están impregnados de la mentalidad administrativa del plan, el partido de vanguardia, la revolución cultural, como sustituto de la revolución proletaria”.
Considera a Jean-Paul Sartre, « el extraño que se acerca a mirar », como filósofo de la derrota. Detrás del lenguaje nihilista de Sartre –afirma– acecha… nada; y como no hubo pasado, y el mundo actual es « absurdo », no hay futuro.
Su crítica a Mao es demoledora: señala que con el propósito de aumentar la producción, el dirigente lleva a China a un proceso de acumulación originaria de capital mediante un capitalismo de Estado, en el que el partido tiene el monopolio del pensamiento correcto, produciéndose un despilfarro humano total, el burocratismo y la ineficiencia. Retrogradación es la palabra que resume realmente el pensamiento de Mao, esto es, lo que no representa una reorganización total de la vida, y relaciones humanas totalmente nuevas. Lo acusa de volver la espalda al aliado y camarada Vietnam, que libraba una lucha de vida o muerte contra el imperialismo estadunidense, presionándolo para firmar la pax americana. En China, la dialéctica de la liberación fue sustituida por un dogmatismo caprichoso y arbitrario, por la fetichización simultánea del marxismo leninismo-pensamiento Mao-Tse-Tung y la propia revolución mundial. « La dialéctica reveló que la contrarrevolución está en el seno de la revolución. »
Ante su pregunta reiterada: ¿qué sucede después de la toma del poder?, Raya responde que la cuestión del carácter imprescindible de la espontaneidad es no sólo inherente a la revolución, sino lo que debe marcar su trayectoria posterior, lo mismo que la diversidad cultural, el autodesarrollo y la instauración de una forma no estatal de colectividad.
La reinterpretación de Marx y la teoría de la revolución de Dunayevskaya son de trascendencia estratégica para las luchas por un socialismo humanista, libertario y autodesarrollado.
viernes, 21 de octubre de 2011
La realización y la supresión de la religión (Ken Knabb)
Los situacionistas reiniciaron la crítica radical de la religión, que había sido abandonada por la izquierda, y la extendieron a sus formas modernas secularizadas — espectáculo, lealtad sacrifical a los líderes o a la ideología, etc. Pero su postura unilateral y adialéctica sobre la religión se reflejó en ciertos defectos del movimiento situacionista y los reforzó. Elaborada a partir de la perspectiva de que, para ser superado, el arte debe ser a la vez realizado y suprimido, la teoría situacionista no supo ver que se requería un planteamiento análogo con respecto a la religión.
La religión es la expresión alienada de lo cualitativo, la “realización fantasiosa de la humanidad”. El movimiento revolucionario debe oponerse a la religión, pero sin preferir a ella un amoralismo vulgar o un sentido común filisteo. Debe tomar posición del otro lado de la religión. No ser menos que ella, sino más.
Cuando los situacionistas tratan la religión, la consideran normalmente en sus aspectos más superficiales y espectaculares, como un perro de paja que puede ser desdeñosamente rebatido por los que son incapaces de rebatir otra cosa. Excepcionalmente, pueden aceptar vagamente a Boehme o a una Hermandad del Libre Espíritu en su panteón de “notables”, puesto que son mencionados de modo favorable por la I.S., pero nunca algo que pudiera afectarles personalmente. Se ignoran problemas que requieren análisis y debate porque han sido monopolizados por la religión o se han expresado ocasionalmente en términos religiosos. Puede que algunos perciban lo inadecuado de este rechazo, pero no saben cómo operar de otra forma en un terreno tan tabuizado, y por consiguiente también ellos rehuyen el asunto o recurren a banalidades. Para quienes quieren “superar todas las adquisiciones de la cultura” y realizar el “hombre total”, los situacionistas ignoran a menudo sorprendentemente los aspectos más elementales de la religión.
No se trata de añadir una dosis de religión para completar nuestra perspectiva, para crear un situacionismo “con rostro humano”. No se humaniza una herramienta o un método crítico. (La noción de “humanizar el marxismo” sólo revela la naturaleza ideológica del marxismo en cuestión.) Se trata de examinar las lagunas y las rigideces dogmáticas que se han desarrollado a partir de un asalto crítico a la religión en gran medida justificado. Es precisamente cuando ha salido victorioso cuando se hace posible y necesario criticar con más rigor un planteamiento teórico. La fórmula preliminar que era provocativa en un contexto anterior se convierte en base de nuevas ideologías. Un avance cualitativo va acompañado con frecuencia por un retroceso aparentemente paradójico
Para seguir leyendo
http://www.kaosenlared.net/noticia/realizacion-supresion-religion-ken-knabb
domingo, 7 de agosto de 2011
Historia de la Filosofía (VIII) - Apendice: Las filosofías india e islámica
Publicamos la última entrega de La Historia de la Filosofía, de Alan Woods, con un apéndice que trata sobre las filosofías india e islámica. Como en los anteriores capítulos, Alan Woods relaciona los sistemas de pensamiento de estas civilazaciones con la filosofía del marxismo, el materialismo dialéctico, y con la lucha de la humanidad por ascender a una sociedad superior, el Socialismo.
IndiaLa filosofía india se divide tradicionalmente en cuatro períodos: 1) período védico; 2) el período clásico (o brahmánico-budista) y que dura desde el siglo VI a. de C hasta el siglo X d. de C.; 3) el período posclásico o hinduista, desde los siglos X al XVIII; y 4) el período que va desde la conquista británica hasta la actualidad.
La filosofía oriental siempre ha estado estrechamente vinculada a la religión, empezando por el propio hinduismo. El hinduismo es un sistema de ideas y conceptos religiosos que ha persistido en la mayor parte del subcontinente indio desde principios de la Edad Media hasta la actualidad, aunque también incluye elementos procedentes de un pasado muy lejano. El sivaismo tiene raíces pre-védicas y se relaciona con la idea de Siva ?el dios de las fieras. En su forma moderna surge de la crisis general ideológica y social de la sociedad India durante los siglos VI y IV a. de C. Los sistemas de Visnú y Siva se desarrollaron durante el período hinduista. Se decía que el brahmán (“poder sagrado”) de los Upanishad es el dios Siva o Visnú. En su gran Historia de la filosofía Hegel escribe: “La cultura india alcanzó un elevado grado de desarrollo y se impuso, pero su filosofía es idéntica a su religión y los objetos a los que presta atención la filosofía son los mismos que encontramos en la religión. Por lo tanto, los libros sagrados o Vedas también forman parte del trabajo básico de la filosofía. (Hegel. Lecciones de la historia de la filosofía. Vol. P. 126. En la edición inglesa).En el hinduismo se pueden encontrar ciertos elementos dialécticos, aunque en forma embrionaria, por ejemplo, la idea de las tres fases de la creación (Brahma), el mantenimiento del orden (Visnú) y la destrucción o desorden (Siva). Ian Stewart que ha escrito sobre la teoría del caos, destaca que la diferencia entre los dioses Siva (el “indomado”) y Visnú, no es el antagonismo entre el bien y el mal, por que los verdaderos principios de armonía y disonancia subyacen juntos en toda la existencia. “Igualmente, los matemáticos empiezan a considerar el orden y el caos como dos manifestaciones distintas de un determinismo subyacente. Ninguno de los dos existen por separado. El sistema típico puede existir en diversos estados, algunos ordenados y otros caóticos. En lugar de dos polos opuestos hay un espectro continuo. De la misma forma que la armonía y la disonancia se combinan con una belleza musical, el orden y el caos se combinan con una belleza matemática”. (Ian Stewart. Does God Play Dice?. P. 22. En la edición inglesa).
Hegel no fue totalmente justo con la filosofía india y con sus prejuicios habituales hacia el materialismo en general, ignoró la variedad materialista novédica de la filosofía india. No obstante, la génesis de la filosofía india se puede encontrar en los escritos indios más antiguos, los Vedas.
En el siglo X bajo el impacto del Islam, nacieron otras religiones monoteístas, la más notable fue el sikhismo que fue un intento de reconciliar el hinduismo con el Islam. El hinduismo se caracteriza por la gran proliferación ?casi sobreproducción? de dioses. Llegó un momento en que el número de dioses y diosas en la India (330 millones) superó la población actual del país. Pero también desde el principio nos encontramos la tendencia contraria: una tendencia al materialismo y ateismo.
La filosofía india se basa en una de las civilizaciones más antiguas de la humanidad, una línea de desarrollo cultural anterior a la cultura de Europa occidental. Las tradiciones culturales indias se remontan a los siglos X-XV a. de C y se extienden como un hilo prácticamente intacto hasta nuestros días, y ha demostrado una gran vitalidad y exhuberancia. La fuente original de toda la filosofía india es la antigua literatura oral conocida como los Vedas, el texto más famoso es el Rig-Veda. Los Vedas contienen además himnos a la naturaleza y a los dioses, detalles de rituales y otro material que tiene un carácter claramente filosófico. En el años 1500 a. de C. podemos encontrar la siguiente pregunta en el Rig-Veda: ¿De dónde viene el universo? Igualmente, el primer verso de uno de los Upanishads pregunta: “¿Impulsado por lo qué obliga a la mente a corresponder con su objeto? ¿A quién puso primero la vida en movimiento? ¿Quién impulsa estas palabras? ¿Qué dios pone los ojos y los oídos?”
https://docs.google.com/leaf?id=0B_K_4o5MKtMNYmM3NWNhYTUtZDg2NS00Nzg0LThmNzUtM2RiYWUyNTUxM2Q2&hl=en_USdomingo, 15 de agosto de 2010
Marek Edelman, homenaje a un judio anti-sionista y socialista
martes, 22 de diciembre de 2009
Erotismo, Misticismo y Revolución (Un estudio crítico sobre Kenneth Rexroth)
Capitulo 2. Magnanimidad y Misticismo
Hofuku (señalando hacia las montañas): “¿No es eso la Realidad?”
Chokey: “Sí, lo es, pero es una lástima decirlo”.
(R.H. Blyth, Zen in English Literature and Oriental Classics.)
Si tuviera que escoger un único texto para mostrar qué es lo que me gusta de Rexroth, escogería con toda probabilidad su ensayo sobre la novela clásica china. Vean conmigo cómo nos describe las virtudes que caracterizan a estos extensos y maravillosos libros:
¿Cuáles son estas virtudes? La primera, un absoluto dominio de la técnica narrativa. La segunda, su humanidad. En tercer lugar y como una síntesis de las dos anteriores, todo un grupo de cualidades que deberían resumirse en una sola: discreción, humildad artística, madurez, objetividad, compasión, la habilidad de revelar el macrocosmos a través del microcosmos, el universo moral reflejado en el acto físico, la profundidad de la visión psicológica en los hechos más nimios, todo ello sin mencionar en absoluto las “grandes cuestiones”. Contener todas estas virtudes es una cualidad del estilo. Es la cualidad fundamental del mejor estilo. Tiene un nombre, aunque no es un término que consideremos propio de la crítica literaria. Esta palabra es magnanimidad. Su antónimo, diría yo, es complacencia con uno mismo.Rexroth se lamenta de la autocomplacencia, que es apreciable, de una u otra forma, en casi todos los escritores del siglo XX, desde Proust y Henry James hasta Kerouac y los que le siguen. Sólo hace una importante excepción con Parade’s End de Ford Madox Ford(
Ford no precisó su tesis, puede ser que ni supiera que tenía alguna en el sentido estricto de la palabra. Sus personajes no filosofan sobre nada. No fisgonea en sus cabezas con términos psicológicos. No nos muestra el fluir de sus conciencias. Todo ocurre como en la vida misma y al lector le deja simplemente con los hechos — brutales, estúpidos o maravillosos, como sean. ¡Qué fácil es ser artista y qué difícil es ser maduro!Las variaciones sobre este tema son algo recurrente en la obra de Rexroth. Sobre el gran teatro nos dice: “Debe contener profundidad moral y psicológica, pero ésta sólo podrá ser descubierta por aquellos espectadores que ya la posean en sí mismos. Estas cualidades no deben hacerse explícitas pues arruinarían el hecho dramático”. Asimismo, comparte la opinión de Ford, según la cual Dostoievsky “demostró un terrible mal gusto al hacer que sus personajes discutieran la profundidad de la novela en la cual ellos tomaban parte”. “Las almas atormentadas de sus novelas no son seres maduros. Hablan sin parar sobre todo eso que las personas maduras saben que es mejor mantener en silencio. El drama deja de impresionar al lector cuando se presenta de manera tan verborréica e incluso acaba dejando de ser creíble”. Rexroth tiene una predilección especial por esos escritores que personifican una sabiduría tranquila, modesta y natural, como por ejemplo, el biógrafo y pescador Izaak Walton, el naturalista amateur Gilbert White o el cuáquero antiesclavista John Woolman, sin embargo detesta la vanidad de algunos artistas que glorifican su supuesta misión en este mundo:
Miguel Angel fue sin dudaun hombre ruidoso y en gran manerasoberbio. Después de todo, nunca le ocurrió nada queno le ocurriera a cualquiera de nosotros.Si tenéis alguna tragedia para representar, deberíais hacerlocon humildad, pues estáis sirviendoel pan de la comunión.En su ensayo sobre las obras de Julio Cesar nos dice: “En La Guerra de las Galias y en La Guerra civil se encuentra oculto de forma magistral un filósofo de las relaciones humanas que sólo una persona madura podría comprender o incluso reconocer. El arte de disimular así es, por supuesto, una demostración de madurez”. Lo mismo se podría decir de las obras del propio Rexroth. Debido al propósito de este libro, yo no puedo sino citar sus palabras más destacadas en referencia a lo que ahora comento. Sin embargo, si el lector repasara toda su obra, vería que Rexroth habla de las “grandes cuestiones” de una manera sutil y que, a menudo, las deja implícitas para que sean leídas entre líneas.
Si, por el contrario, ha revelado en alguna ocasión su propia filosofía de vida y nos ha resumido sus puntos centrales en una sola palabra, ha sido en su ensayo sobre la novela china que continúa así:
Durante la segunda guerra mundial conocí a un cuáquero anciano y de pequeña estatura de una granja de Indiana que viajaba por cuenta propia por todo el país. En las reuniones dominicales se levantaba y tomaba la palabra para leernos la definición de magnanimidad que da el diccionario Webster’s. Decía que “había venido con este texto porque nos podría ser de gran utilidad”. He aquí la definición:
"Magnanimidad, n; (F. Magnanimité, L. Magnanimitas.) 1. Grandeza del alma; nobleza de sentimientos; clemencia; generosidad; la cualidad o combinación de cualidades del carácter que permite a la persona enfrentarse al peligro y a los problemas con tranquilidad y firmeza, rechazar la injusticia, la mezquindad y la venganza y actuar de manera sacrificada por causas nobles. 2. Un hecho o una disposición caracterizada por lo magnánimo. 3. Temperamento grandioso; singularidad del alma. Excepcional.”
Después de recitarnos todo esto, el anciano cuáquero se sentaba y volvía a aparecer la semana siguiente en otra reunión. Estas palabras significaron una gran ayuda para mí en aquellos horribles años, mucho más que cualquier otro consejo que me hubiesen podido brindar. Ningún artista de primera fila se convertiría en víctima de sus propias creaciones. Sólo esta clase especial de nobleza garantiza la independencia de los verdaderos creadores. Homero la tiene, pero Dante no. Es un tipo de valor, como el de las famosas palabras de Samuel Johnson: “La valentía, señor, es la primera de las virtudes porque sin ella es muy difícil, a veces, ejercer las otras.”
Es la valentía para sobrellevar la inevitable “destrucción de todo lo bueno”, para enfrentarse al hecho de que “el amor no dura siempre, los amigos se traicionan los unos a los otros, la belleza se marchita, los poderosos resbalan en la sangre y sus ciudades arden”. Rexroth coincide con el “mensaje” de Homero y lo resume con sus propias palabras al decir que el universo no tiene sentido por sí mismo, todo es efímero, los únicos valores son aquellos que la gente crea en sus relaciones con los demás: “Lo único que perdura, lo que da valor a la vida es la camaradería, la lealtad, la valentía, la magnanimidad, el amor, las relaciones humanas con una comunicación directa. Es de aquí, y no de ninguna otra parte, de donde surge la belleza de la vida, su tragedia y su sentido.”
Esto puede sonar muy “existencial”, pero nada le es más ajeno a Rexroth que lo que él llama el “angst por el angst”, algo que él califica como una “metafísica apropiada para conejos paralizados”. “El supuesto dilema existencial no me dice nada en absoluto. Su inventor Soren Kierkegaard siempre me ha parecido un hombre enfermo que se comportaba de una forma miserable con su novia, un hombre ‘necesitado de terapia urgente’, como dirían los psiquiatras. […] En cuanto a mí, no veo mi existencia como un enfrentamiento espantoso y continuo con la realidad. Ésta me agrada.”Si Rexroth evoca en algunos momentos “el sentido trágico de la vida”, en otros nos revela una conciencia más mística. Estas dos actitudes podrían parecer en principio contradictorias, sin embargo él las considera como perspectivas complementarias e igualmente válidas. Algunas veces las contrasta, como sucede en la dialéctica de sus ensueños filosóficos. Otras veces las combina, como en las obras de teatro que tratan temas de las tragedias griegas, pero que, al igual que en las obras japonesas de teatro Nô, culminan en una solución trascendente de enredo del karma en lugar de acabar con el típico desenlace dramático.
Rexroth califica su punto de vista como un “anarquismo religioso” o un “misticismo ético” y, en lugar de entrar en detalles, nos remite a algunas de sus principales influencias: “Para una mayor claridad se puede acudir a las obras de Martin Buber, Albert Schweitzer, D.H. Lawrence, Boehme, D.T. Suzuki
Lo que en la contemplación se absorbe, en el amor se dispensa.
En su autobiografía Rexroth nos cuenta una experiencia que tuvo a los cuatro o cinco años cuando, a principios de verano, estaba sentado en la acera delante de su casa:
Una conciencia, y no un sentimiento, de dicha completa más allá del tiempo y del espacio se adueñaba de mí o quizá era yo quien me adueñaba de ella. No quiero usar términos como “me extasiaba” o “estaba transportado, transido”, o cualquier otro que implique que estaba siendo poseído por alguna fuerza externa o algo anormal. Al contrario, parecía que éste fuera el modo natural en que transcurría mi vida, y que esa repentina y aguda conciencia de ello era tan sólo una cuestión de atención en un momento determinado.Cuando estas experiencias “místicas” son más profundas y duraderas, suelen ir asociadas a la meditación y a la disciplina espiritual; pero Rexroth nos da a entender que todos pasamos por esos mismos estados de conciencia en algún momento, a pesar de que apenas nos demos cuenta de ello y sean facilísimos de olvidar una vez que nos volvemos a meter en la vorágine de cada día.
La paz que proviene del hábito de la contemplación […] no es ni rara ni difícil de encontrar. Se ofrece a cada persona en ciertos momentos desde temprana edad, aunque surge cada vez menos en caso de no haber sido bien recibida. Puede ser alcanzada, entrenada y cultivada hasta que se convierta en un hábito constante que forme la base de nuestra rutina diaria. Sin ella la vida sólo es agitación, en la que todo sentido y hasta toda intensidad de sentimiento acaban por extinguirse entre el tedio y el desorden.“En el corazón de la vida”, dice en su ensayo sobre el Tao Te Ching, “hay una minúscula y permanente llama de contemplación”. Incluso sin saber nada de ella, la gente vuelve de forma instintiva a este “centro de calma”. Siempre está ahí, aún en medio de las situaciones más turbulentas; pero algunas circunstancias le son especialmente favorables.
Quienquiera que haya escrito los breves salmos del Tao Te Ching sabía que la contemplación del curso del agua es una de las formas más elevadas de oración. […] En realidad muchos deportes son también formas de contemplación, por ejemplo y muy en especial, pescar en aguas tranquilas. Muchos hombres a los que una vulgarización del budismo zen haría reír, y que lo más probable es que lo encontrasen del todo incomprensible, practican la vida contemplativa a la orilla del río, caña de pescar en mano, al menos algunos días al año. Igual que los grandes místicos, ellos también sienten que la iluminación de esos pocos días es lo que da sentido al resto de su vida.Los poemas que Rexroth ha dedicado a la naturaleza están llenos de esta clase de experiencias. En éste que sigue, él está tendido bajo las estrellas:
Mi cuerpo está dormido. Sólomis ojos y mi cerebro están despiertos.Las estrellas me rodeancomo pupilas de oro. Yo no sabríadecir dónde comienza mi ser o dónde acaba.La suave brisa en los oscuros pinos,y en la hierba invisible,la tierra que se inclina, las estrellas titilantestienen un ojo que se ve a sí mismo.A veces, como es el caso anterior, las experiencias están descritas de una forma más o menos explícita. Pero la mayoría de ellas sólo se dejan entrever:
Cuando arrastré el viejo tronco desde el fondo del estanque,lo sentí pesado como una piedra.Lo dejé tendido al soldurante un mes; y luego lo desmenucéen trozos, que separépara hacer fuego, y los extendípara que se secasen algo más. Esa misma noche, cuando más tarde sale de su cabaña a mirar las estrellas...
De repente vi bajo mis pies,extendidos en el suelo de la noche, lingotesde una fosforescencia parpadeante,y todo alrededor estaba cubierto de astillas de una luz fría, pálida que estaba viva.Sin duda ésta fue la secuencia real de los hechos, pero al mismo tiempo parecen sugerir un estado interior y una iluminación que fueron paralelos a ellos; esta forma alusiva de decirlo se corresponde mejor con el proceso del “desprendimiento del yo” que si hubiera dicho “he tenido tales y tales experiencias”. Como ocurre en muchos de los grandes poemas chinos y japoneses, un estado de espíritu puede ser mostrado a través de la claridad de lo que, en principio, no es sino una simple escena objetiva y natural. El paisaje exterior se corresponde con el paisaje interior, el macrocosmos con el microcosmos.
Con un estilo que recuerda a Whitman, nuestro autor evoca las más amplias imágenes y relaciones:
El inmenso fenómeno sideraldel alba converge en la garcetareverbera y converge en míy sigue su camino infinito irradiando hasta tocar el último polvo galáctico. […]Mi mujer ha estado nadando entre las olas,viene hacia mí por la playa, desnuda,centelleante de agua, cantando alto y claro contra las olas batientes. El sol atraviesa las colinas e inunda sus cabellos, mientras ilumina la luna y enaltece el mar y en el corazón de las montañas vacías fundela nieve del invierno y los glaciaresde diez mil milenios. En sus últimos poemas, escritos en Japón en su mayoría, Rexroth expresa estos momentos de “conciencia cósmica” en términos cada vez más budistas y, sobre todo, con términos de la última visión del sutra Avatamsaka (La Guirnalda de Flores):
.... La Red de Indra,el infinito compuesto de infinitos,la Guirnalda de Flores.Cada universo reflejandolos otros universos, reflejándoseen todos ellos... Nos podría dar la impresión de que la obra de Rexroth está influida por el budismo zen, pero en realidad, lo criticó en muchos aspectos y manifestó tener más puntos en común con otras formas de budismo. Arremetió contra el zen popularizado en Occidente calificándolo de irresponsable y de moda pasajera. Pero también criticó al tradicional zen japonés por su complicidad con regímenes militares, desde el samurai japonés hasta la segunda guerra mundial. Parece que tampoco le gustó mucho el culto y la adoración al maestro espiritual que, a menudo, se encuentran tanto en el zen como en otras prácticas religiosas orientales. Rexroth probablemente hubiera reconocido que la meditación zen es uno de los medios más efectivos para cultivar la paz contemplativa “hasta que se convierta en un hábito constante que forme la base de nuestra rutina diaria”. Pero también es cierto que creía que, al esforzarse demasiado en buscar la iluminación, uno puede dejar de lado lo esencial. Se cree que las últimas palabras de Buda fueron: “Oh discípulos, todo lo que acontece en el mundo es cambiante por naturaleza. Luchad sin descanso”. Rexroth, con una mentalidad más taoísta, nos aconseja:
Todo lo que aconteceen el mundo es cambiantepor naturaleza. Tomadlo con calma. La verdadera iluminación, nos dice, no surge como una experiencia buscada por sí misma, sino como un efecto secundario del modo de vida elegido:
Yo creo que el desarrollo de la capacidad creciente de recogimiento y trascendencia se consigue más por el modo de vida elegido que por ejercitarse en ello. El budismo es puro empirismo religioso. No se fundamenta en creencias, sino sólo en la experiencia religiosa definida en toda su simplicidad y su pureza. Esta experiencia llega a convertirse en una realidad constante y siempre accesible para los que la practican. La base de esto no es ni hacer ejercicios mentales ni tener conocimientos teológicos. Es seguir el “Noble camino de las ocho vías”, cuya culminación es la “calma imperturbable”, el nirvana, que subyace en la realidad. Rexroth no apoyaba la idea de usar drogas psicodélicas como un atajo para conseguir una visión mística. Como mucho, reconocía que estas sustancias habían dado a algunos jóvenes la posibilidad de vislumbrar una “vida interior”, que había sido reprimida por la cultura de la clase media americana. Al hablar de este tema solía citar a San Juan de la Cruz: “Las visiones son indicios de una falta de verdadera visión”. Para Rexroth la experiencia religiosa trascendente no es la visión de un mundo diferente y sobrenatural, sino un despertar consciente a éste:
Los objetos reales poseen su propio significado trascendental. […] Lo sagrado puede encontrarse en un montón de polvo. Es, en realidad, ese montón de polvo. […] La verdadera iluminación es un hábito cotidiano. No somos conscientes de que vivimos en la claridad de las luces porque no vemos ninguna sombra proyectada. Y cuando tomamos conciencia de ello, lo hacemos de la misma manera que los pájaros perciben el aire y los peces el agua. La gente tiende a describir estos momentos de consciencia en términos de sus propias y variadas creencias religiosas, pero en realidad las experiencias se parecen mucho entre sí y se dan también entre gente no religiosa. Aunque muchas veces vayan más allá de nuestra comprensión racional, ello no implica por fuerza que se trate de experiencias sobrenaturales. Rexroth es bastante claro acerca de esta distinción. Está felizmente libre de la moda new age y es demasiado perspicaz como para ser arrastrado por las supersticiones y pseudo ciencias en las que tantas personas han creído y todavía siguen creyendo hoy en día. Al recordar a gente de su propia generación que, aunque era inteligente en otros aspectos, tenía una fe ciega en la astrología o en las cajas de orgón de Reich, nos hace la siguiente observación: “Cualquiera que hubiese estudiado física en el instituto habría podido ver que esas cosas eran del todo absurdas, pero el problema radicaba en que estas personas habían dejado de creer tanto en la física como en el capitalismo y en la religión. Para ellos todo esto no era más que un mismo engaño.”
Igual de escéptico se siente ante las pretensiones científicas del moderno psicoanálisis y de la psiquiatría. En su divertido artículo “My Head Gets Tooken Apart” (“Me diseccionan la cabeza”) nos describe la ocasión en la que recibió dinero de un “Instituto de Investigación” por participar en un experimento de tres días sobre la exploración de la “personalidad creativa”. Después de la enorme variedad de baterías de tests, entrevistas y cuestionarios a los que se tuvo que someter, su conclusión fue:
¿Qué sentido tenía todo esto? Ninguno. […] Estas paparruchas con las que nuestra sociedad se engaña a sí misma son mucho menos efectivas, y mucho menos científicas, que las supercherías de otras épocas y otros pueblos. Cualquier curandero sioux, cualquier sacerdote atento y cariñoso, una abuela con experiencia o cualquier herborista chino podrían haber descubierto más en media hora que lo que estas personas hicieron en tres días. […] Por mi parte, si se me diera a escoger, más me confiaría a los cavernícolas que pintaron las cuevas de Altamira. Con estas palabras nos da a entender que algunas de las prácticas tradicionales pueden poseer, al menos de forma intuitiva, una pizca de lucidez sobre las circunstancias normales de la vida corriente. Sean supercherías o no lo sean, la gente tiende instintivamente a dejarse arrastrar por aquello que parecen expresar los arquetipos psicológicos o espirituales: sus relaciones y sus aspiraciones, los conflictos internos de toda la vida. “Lo que se busca en la alquimia, en los libros herméticos, en la teología menfita o en esas manías absurdas como la de los platillos volantes es un esquema fundamental de la mente humana expresado de manera simbólica”. Y encontramos ahí esos esquemas básicos porque éstos provienen de mentes en esencia similares a las nuestras.
Lo que los gnósticos proyectaron en la pantalla de su profunda ignorancia como una imagen del universo fue en realidad una imagen de su propia mente. Su mitología es un retrato simbólico, casi deliberado, de las fuerzas que operan en la estructuración y en la evolución de la personalidad humana, […] un panorama institucional de lo que Jung ha llamado el inconsciente colectivo. […] Esta idea, tal como ha señalado Jung, no se refiere a que todos compartamos un alma misteriosa y colectiva. Es una imagen colectiva porque todos los seres humanos respondemos ante la vida de forma muy parecida, porque todos tenemos los mismos atributos fisiológicos. Si la manipulación de los símbolos no nos permite influir en el cosmos, al menos nos permite influir en nuestras mentes. Para Rexroth no se trata de creer o no en la validez objetiva de cualquier sistema oculto o religioso; lo que le interesa es el “mundo interior”, los “valores que no pueden ser reducidos a cantidades” y que encuentran su expresión en estas formas. En la medida en que la religión es un intento de explicar la realidad objetiva, se va quedando cada vez más desfasada, ya que la Humanidad progresa en su conocimiento; pero podría decirse que su importancia se mantiene en lo que se refiere al mundo interior, a la realidad subjetiva:
Idealmente la religión es lo único que quedaría después de que el hombre lo supiera todo. […] A medida que las interpretaciones especulativas de la religión se van derrumbando como explicaciones de la realidad, adquieren el carácter de representaciones simbólicas de diversos estados del alma. Si subsisten en la práctica de un culto, decimos que han sido llevadas a un estado de sublimación. Es precisamente su irracionalidad lo que hace que el dogma y el ritual se mantengan vivos. En el momento en que éstos se pudieran reducir a explicaciones basadas en el sentido común o pudieran ser refutados, se apagarían. Sólo sobreviven los misterios, porque se corresponden con un proceso interno en la vida del hombre, y porque son el signo exterior de una realidad espiritual interior.A Rexroth le gustaba decir que, “la religión es algo que se hace, no algo en lo que se cree.” Él estaba muy interesado en las fiestas y en los rituales religiosos y folclóricos de todo tipo, hasta el punto de ensalzar incluso sus vestigios modernos más manidos. “Poco importa si papá tiene que estar pagando durante un año las facturas de la primera comunión, de la barmitzvah, o de la boda. Por un momento ha existido al menos ese reconocimiento, aunque sólo sea simbólico, de que incluso la vida más pobre y monótona tiene una importancia trascendental, y de que ningún ser humano es insignificante”. Con esta clase de espíritu él mismo participó en diversos rituales religiosos: budistas, védicos, cuáqueros e incluso católicos.
Lo que me atrae del catolicismo no es su cristianismo, sino su paganismo. […] La vida litúrgica de la Iglesia me conmueve porque evoca las más antiguas respuestas al ciclo de los años, al cambio de las estaciones y a los ritmos de la vida de los hombres y los animales. Para mí los sacramentos transfiguran los ritos de paso. […] En los ritos de paso, las relaciones y las actividades fundamentales de la vida: nacimiento, muerte, relaciones sexuales, comer, beber, escoger una vocación, adolescencia, enfermedades mortales, en fin, la vida en sus momentos más importantes se ennoblece por la introducción ceremonial de la trascendencia. El universo entero se refleja en el acontecimiento de una misa o en una ceremonia, que es en sí misma un tipo de danza y una obra de arte. No es necesario decir que Rexroth se oponía a casi a todo lo referente a la Iglesia católica excepto a sus rituales; pero al igual que mucha gente, parece haber tomado parte en prácticas religiosas que le atraían, dejando de lado los aspectos que no le gustaban. “En la actualidad se ve que una gran parte de nuestra sociedad más cultivada adopta, de forma voluntaria, los comportamientos religiosos y las creencias de comunidades más primitivas, por razones personales tan sólo pragmáticas o psicológicas”. Su práctica católica se limitaba, más que nada, a acudir a las ceremonias anglo-católicas que han mantenido los rituales de la Iglesia romana rechazando al mismo tiempo su autoridad dogmática.
De todas maneras, siempre me ha sorprendido que una persona como Rexroth pudiera tener algo que ver con cualquier Iglesia cristiana. Una cosa es practicar algún tipo de meditación, o tomar parte en alguna fiesta o ritual que todo el mundo reconoce como una simple forma de centrar nuestra vida y celebrar una comunión con los demás; y otra muy diferente, reforzar la credibilidad de instituciones repulsivas y de dogmas nocivos en los que todavía cree tanta gente. Como el propio Rexroth dice con un espíritu muy diferente:
Durante miles de años, los seres humanos de buena voluntad han intentado que el judaísmo y el cristianismo resultaran aceptables en el terreno moral a las personas sensatas y civilizadas. Ninguna otra religión ha necesitado nunca semejante esfuerzo de espiritualización […] ¿Por qué se molesta la gente? Si necesitaran una religión, los textos básicos del taoísmo, del budismo y del confucianismo no precisan de ese tipo de reelaboración. Puede que fuera necesario, sobre todo en los documentos budistas, recortar la retórica exótica, pero no hacer que signifiquen justamente lo contrario de lo que dicen.Cualesquiera que sean los gustos personales de Rexroth acerca de los rituales, sus escritos sobre religión son bastante lúcidos en general. Como en el resto de su obra, siempre busca lo que puede ser relevante, sugestivo o ejemplar. Por ejemplo, en su estudio sobre Lamennais, radical católico del siglo XIX, lo que le interesa es su “sensibilidad espiritual”, no los “detalles de su variable filosofía y teología”. “Sus doctrinas cambiaban, pero no su vida, así que es su vida y la expresión literaria, que podríamos llamar incluso poética, de esa vida coherente lo que nos interesa”.
Una cosa es cierta, no hay nada puritano ni fuera de este mundo en el misticismo de Rexroth. Él mismo nos dice que el tema de sus poemas en The Phoenix and the Tortoise es el descubrimiento de una base para recrear un sistema de valores dentro del sacramento del matrimonio. El proceso tal como yo lo veo iría así: del abandono al misticismo erótico, del misticismo erótico al misticismo ético del sacramento del matrimonio, de ahí a la realización del misticismo ético de la responsabilidad universal — del Otro a los Otros. Estos poemas bien pudieran estar dedicados a D.H. Lawrence, que murió en su intento de recrear una familia espiritual.Como él decía, hay mucha paja en Lawrence: retórica sentimentaloide, un primitivismo ridículo, polémicas sexuales pasadas de moda e incluso tendencias vagamente fascistas. Pero lo que prevalece es su lucha por una vuelta a la realidad primigenia, por restablecer las conexiones orgánicas vitales, empezando por la más íntima. Al hablar de los poemas de Lawrence sobre el amor y la naturaleza, Rexroth nos dice: “La realidad se extiende a través del cuerpo de Frieda [la mujer de Lawrence], a través de todo lo que toca, de cada lugar que pisa […] todo resalta iluminado por una luz que parece sobrenatural y es, al mismo tiempo, del todo terrenal. […] Más allá del Sagrado Matrimonio se abre un mundo restablecido de pájaros, animales y flores — un mundo objetivo sacralizado. ‘¡Mira, hemos pasado!’ Hemos entrado en un mundo transfigurado por la gloria que lo envuelve por todas partes como una luz sobrenatural.” Y en lo referente a sus poemas sobre la muerte: “Lawrence no trató de engañarse con falsas promesas o con garantías ilusorias. La muerte es un misterio absoluto e impenetrable. Comunión con los demás y olvido, sexualidad y muerte, se puede revelar el misterio pero sólo como algo totalmente inexplicable.”
Los propios poemas de amor de Rexroth manifiestan la misma clase de reverencia por la sexualidad como un misterio profundo e insondable:
Invisible, solemne y fragante,tu carne se abre a mí en secreto.No conoceremos un enigma más grande.Después de todos estos años no hay nadamás extraño que esto. Nosotros, que nos sentimoscomo un sólo ser doble, y movemos nuestros miembroscomo hábiles instrumentos de un mismo deseo fundido,somos un misterio en brazos del otro.
Con la misma delicadeza, evoca la fugaz eternidad de la unión de los amantes. En este poema (inspirado en Gymnopédie nº 1 de Satie), los amantes están una noche al borde del mar en el sur de California:
El futuro se ha ido hace tiempoy el pasado no llegará jamássólo tenemos estaeternidad nuestratan pequeña tan infinitatan breve tan inmensainmortal como nuestras manos que se tocanimperecedera como el encendido vino que bebemostodopoderosa como este sencillo besoque no tiene comienzoque nunca nuncatendráfin La cábala, el tantrismo, el Cantar de los cantares... A Rexroth le gusta invocar los misticismos que juegan con las conexiones o paralelos entre el amor humano y el divino, que ven el acto sexual como una unión espiritual, o incluso como un modo de contemplación:
El amor es el aspecto subjetivode la contemplación.El amor sexual es una delas más perfectas formas decontemplación, mientras no esté hechode ignorancia, avaricia,y posesión. Cuando utiliza la expresión “del Otro a los Otros” nos quiere dar a entender algo visible en las siguientes líneas:
Para el corazón empobrecido la noticia e incluso la vista de la destrucción de miles de otros seres humanos puede asumir sólo la forma de un grito lejano […]Sin embargo, como para los dos amantes, el ser querido es conocido yamado cada día con más plenitud, es todo el universo de personasel que deviene más y más real.
Desde entonces he renunciado a lo “religioso” que no es más que la excepción, extracción, exaltación o éxtasis; o bien lo religioso ha renunciado a mí. No poseo nada, salvo el día a día que jamás me es arrebatado. El misterio ya no se revela, ha escapado o ha edificado su morada aquí, donde todo acontece mientras va sucediendo. No conozco otra plenitud sino la de cada hora mortal de exigencia y responsabilidad. […] Si eso es religión, entonces religión lo es todo, en realidad es todo lo que se vive en su posibilidad de diálogo. Buber no ve la realidad fundamental ni en la experiencia subjetiva ni en el mundo objetivo, sino en el “reino del entre.” “Al principio está la relación.” “Toda vida verdadera es encuentro”. En su obra maestra Yo y Tú distingue dos tipos básicos de relación: Yo-Eso y Yo-Tú. Yo-Eso es una relación de utilización y experimentación entre el sujeto y el objeto; Eso (puede ser Él o Ella) no es más que una “cosa entre todas las cosas”, un objeto susceptible de comparación y categorización. La relación Yo-Tú es única, recíproca y total, y además, es irremediablemente temporal. “El ser individual aparece cuando se contrasta frente a otros seres individuales. La persona aparece en el momento en que entra en relación con otras personas.”
Rexroth recalca que el punto de vista de Buber no es un sermón sentimental sobre el “compartir” o “estar unidos en fraternidad” (esa forma de unirse tan extendida hoy en día que “no es nada más que una concentración de elementos asustados”), ni tampoco es una invocación del colectivismo en oposición al individualismo. «El individualismo sólo comprende una parte del ser humano, el colectivismo comprende al ser humano sólo como una parte. Tanto Buber como Rexroth hacen una clara distinción entre colectividad (como suma de elementos) y comunidad auténtica (que estaría formada por un grupo de personas interrelacionándose de forma viva y directa).Rexroth critica a Buber en tres puntos fundamentales: cuando se convierte en un apólogo del sionismo (a pesar de que el sionismo de Buber nunca fue beligerante ya que trabajó de forma tenaz en favor de un verdadero acercamiento entre judíos y árabes); cuando concluye su excelente trabajo sobre las tendencias de las comunidades libertarias (Caminos de utopía) con falsas ilusiones sobre lo prometedor que resultaba el establecimiento de kibutzs en Israel; y cuando, en la última parte de Yo y Tú, llega a la noción de Dios como el “Tú eterno”. Rexroth se opone a los aspectos desagradables del Dios bíblico de Buber, pero aún desconfía más de esa “avidez metafísica” por una relación absoluta. “Cualquier obra que tenga un final feliz reservado en el Infinito es, en ese aspecto, engañosa. […] Yo creo que la realización más completa del ser se da cuando éste acepta sus límites de contingencia. Es más difícil, pero mucho más noble, amar a tu mujer como a otro ser humano tan efímero como tú mismo, que mantener conversaciones imaginarias con un imaginario Absoluto”. Sin embargo, según Rexroth, la aceptación de las relaciones contingentes y fugaces sería el verdadero punto esencial en la perspectiva de Buber. La idea de un “Tú eterno” no es realmente una implicación necesaria de su filosofía. “A pesar de que el mismo Buber podría estar en desacuerdo desde el punto de vista doctrinal, en su filosofía no cambiaría nada importante si elimináramos a su Dios. Lo que nos quedaría sería una filosofía de alegría, vivida en un mundo poblado por muchas otras personas.”
Una buena parte de la obra de Buber está dedicada a la presentación del hasidismo, un movimiento popular místico que surgió en las comunidades judías del este de Europa en el siglo XVIII. Rexroth analiza en profundidad la historia y la naturaleza de este movimiento y explica cómo difiere en algunos aspectos de la sofisticada reinterpretación que Buber hace de él; sin embargo y a pesar de todo, lo que sobresale es un “buen humor sagrado” y una afirmación de comunidad que sólo aparece en los movimientos religiosos en muy pocas ocasiones. La obra de Buber Cuentos jasídicos nos recuerda en cierto modo las anécdotas sufíes, del zen o de los taoístas, pero poseen un carácter más comunitario y más ético. Al igual que éstas, nos revelan a menudo un hecho decisivo en la vida de una persona, aunque en general se trata más de una “transformación” moral interna que de una experiencia iluminadora. No hay ningún logro espiritual definitivo. Cada nueva situación, cada nuevo encuentro requiere que se responda con todo el ser. Las historias hasídicas tienen lugar en un contexto de judaísmo tradicional bastante ortodoxo, lleno de supersticiones, relaciones sociales anticuadas y formas religiosas poco atractivas; y aún así, a pesar de ello, lo que más fluye a través de todo esto es alegría y encanto, amor y tranquilidad, frente a un mundo en continua fuga. A eso se le llama “voluntad de Dios”, pero el movimiento del universo se acepta […] en términos muy parecidos a los del Tao Te Ching. Música y danza, el amor mutuo en el seno de la comunidad, ésos son los verdaderos valores; son hermosos porque no son absolutos. Y sobre esta base de modestia, de amor y alegría se eleva una estructura moral que consuela e ilumina como no lo hace casi ninguna otra expresión religiosa de Europa occidental.Rexroth apoya siempre de forma entusiasta estos misticismos éticos que “reafirman la vida”, siempre está dispuesto a valorar y animar cualquier tendencia que se dirija a la unión de contemplación y comunidad o que intente integrar en un mismo mundo la vida espiritual con la vida cotidiana. Como todos sabemos, el misticismo ha servido muchas veces para justificar la falta de cumplimiento de responsabilidades éticas y la despreocupación ante los problemas sociales. La experiencia de la unidad trascendente se ha tomado como implicación de que todo el sufrimiento y agobio de este mundo son sólo una ilusión, y por consiguiente no necesitaríamos preocuparnos por ello. Las expresiones contradictorias del misticismo (como trascendencia de la dualidad, “Todo es Uno”, etc.) pueden ser recursos apropiados del lenguaje para hablar de experiencias difíciles de describir; pueden incluso, de alguna manera, ser ciertas, pero sacar la conclusión de que son verdaderas, en el sentido estricto de la palabra, sería confundir distintos niveles de la realidad. La forma más simple de refutar esta clase de sofística trascendental es hacer notar que, incluso aquellos que la predican, se toman algunos aspectos de la vida mundana muy en serio, como por ejemplo el dinero que cobran por sus enseñanzas.
Rexroth jamás cae en esta trampa. Cuando lo percibe no duda en desvelarlo con rapidez. La verdadera razón de la popularidad del oculto Antiguo Oriente la señaló Kipling hace tiempo: «Embarcadme hacia algún lugar del este de Suez [...] donde no existan los diez mandamientos». Cuando la religión es suficientemente exótica no es necesario preocuparse por responsabilidades. Uno puede permitirse cualquier cosa. Rexroth tampoco admite la idea de que uno debe “curarse a sí mismo” antes de actuar con los demás. Tal como nos ha recalcado a menudo, los grandes místicos del pasado insisten de manera casi unánime en que los dos aspectos han de ir juntos. “El contemplativo católico, el sufí, el monje budista, todos ellos siguen un ideal de perfección. La iluminación les llega como la coronación a una vida de intenso activismo ético, de honradez, lealtad, pobreza, castidad y, sobre todo, caridad, amor generoso y positivo hacia todas las criaturas. La vida virtuosa crea un ambiente en el que la iluminación espiritual fluye como una luz difusa y sin origen.” Una definición clásica de las prioridades dada por uno de los más grandes místicos occidentales dice: “Si alguna persona estuviera en tal estado de arrobamiento como aquel en el que se encontró una vez San Pablo, y le dijeran que había un hombre enfermo cerca que necesitaba una taza de caldo, mejor haría en dejar su estado por amor al prójimo y servir a quien necesita ayuda” (Meister Eckhart). Esta misma idea aparece implícita en el ideal mahayana del bodhisattva, pero con un matiz suplementario que a Rexroth le gusta especialmente:
Un bodhisattva, por si alguien no lo sabe, es un ser que, cuando está a punto de alcanzar el nirvana, se retira haciendo voto de no entrar en esa paz final hasta que consiga atraer al resto de los seres. Según el pensamiento budista más profundo, el bodhisattva hace esto “con indiferencia” porque sabe que no existe ni ser ni no-ser, ni paz ni ilusión, ni salvadores ni salvados, ni verdad ni consecuencia. Ésta es la razón para esa expresión a la vez benigna y en calma en los rostros del arte religioso del lejano Oriente.Pero una caridad lúcida implica en definitiva oponerse al sistema social que hace todo lo posible para que ésta no pueda llevarse a cabo y Rexroth añade una “coletilla” al voto bodhisattva:
Mientras haya una clase inferior,yo pertenezco a ella. Mientras hayaun elemento criminal,yo también lo soy. Mientras hayauna sola alma en prisión, no seré libre.
[NOTAS]
9. D.T. Suzuki (1870-1966). Autor de numerosas obras sobre el budismo zen y principal divulgador de él en Occidente.
10. Martin Buber (1878-1965). Nació en Viena. Filósofo de la religión y de la cultura, exponente de un existencialismo y espiritualismo en sentido amplio, intérprete y renovador del pensamiento y de las tradiciones judías del jasidismo.
Fin del capítulo 2 de “Erotismo, Misticismo y Revolución” de Ken Knabb, traducción de Esther Quintana revisada por Ken Knabb. Versión original: The Relevance of Rexroth (1990).
No copyright.
lunes, 16 de noviembre de 2009
Duras lecciones para budistas comprometidos (del Bureau of Public Secrets)

—Whitman, “Lecciones más duras”
En medio de la guerra de Vietnam, Thich Nhat Hanh y algunos otros monjes, monjas y seglares budistas rompieron con 2.500 años de tradición apolítica budista y fundaron la orden Tiep Hien en un intento de poner en relación la ética budista y la práctica de la meditación con temas sociales contemporáneos. Los miembros de la orden organizaron manifestaciones contra la guerra, apoyo clandestino a los prófugos y varios proyectos de socorro y servicio social. Aunque el movimiento fue pronto aplastado en Vietnam, Nhat Hanh ha llevado a cabo actividades similares desde el exilio en Francia, y el “budismo socialmente comprometido” se ha extendido a los budistas de todo el mundo. Una de sus principales expresiones en Occidente, la Buddhist Peace Fellowship (Asociación Budista para la Paz), define su propósito como un intento de “llevar la perspectiva budista a los movimientos contemporáneos por la paz, la defensa del medio ambiente y la acción social” y de “plantear los temas de la paz, el entorno, el feminismo y la justicia social entre los budistas occidentales”.
El surgimiento del budismo comprometido es un desarrollo saludable. A pesar de las tonterías que el budismo comparte con las demás religiones (superstición, jerarquía, machismo, complicidad con el orden establecido), siempre ha tenido un núcleo de entendimiento genuino basado en la práctica de la meditación. Es este núcleo vital, junto con su carencia de dogmas obligatorios característicios de las religiones occidentales, lo que hizo posible que se hiciese popular incluso en los medios más sofisticados de otras culturas. Las personas comprometidas en movimientos de cambio social pueden aprender del nivel de conciencia, la ecuanimidad y la autodisciplina fomentadas por la práctica budista; y los budistas apolíticos pueden ciertamente hacerlo de enfrentarse a cuestiones sociales.
Hasta ahora, sin embargo, la conciencia social de los budistas comprometidos ha seguido siendo extremadamente limitada. Aunque han empezado a reconocer ciertas realidades sociales manifiestas, demuestran entender poco sobre sus causas y soluciones posibles. Para algunos, el compromiso social simplemente entraña algún tipo de trabajo caritativo voluntario. Otros, siguiendo tal vez las observaciones de Nhat Hanh sobre la producción de armas o el hambre en el Tercer Mundo, deciden no comer carne o no apoyar ni trabajar para las compañías que producen armas. Tales gestos pueden ser personalmente significativos, pero su efecto real sobre las crisis globales es despreciable. Si se permite que millones de personas del Tercer Mundo pasen hambre no es porque no haya suficiente comida para distribuir, sino porque no resulta provechoso dar de comer a gente que no tiene dinero. Y mientras pueda hacerse gran cantidad de él produciendo armas o destruyendo el entorno, alguien lo hará a pesar de las apelaciones morales a la buena voluntad de la gente. Aunque algunas personas conscientes se nieguen a hacerlo, una multitud se disputará la ocasión de hacerlo en su lugar.
Otros, percibiendo que tales gestos individuales no bastan, se han aventurado en actividades más “políticas”. Pero generalmente se han limitado a secundar a asociaciones por la paz, la ecología y a otros grupos llamados progresistas ya existentes, cuyas tácticas y planteamientos son por su parte muy limitados. Con muy pocas excepciones, estos grupos dan por supuesto el sistema social actual y simplemente maniobran dentro de él en favor de su tema específico, con frecuencia a expensas de otros asuntos. Como escribieron los situacionistas: “Las oposiciones fragmentarias son como las ruedas dentadas: se engranan unas en otras y hacen funcionar la máquina — la máquina del espectáculo, la máquina del poder”.
Algunos budistas comprometidos se dan cuenta de que es preciso ir más allá del sistema actual; pero al no comprender su atrincheramiento y su naturaleza autoperpetuadora, creen poder transformarlo apacible y gradualmente desde dentro, incurriendo entonces en continuas contradicciones. Uno de los preceptos de Tiep Hien dice: “No poseas nada que pertenezca a otros. Respeta la propiedad de los demás, pero no permitas que se enriquezcan con el sufrimiento humano o el de otros seres”. ¿Cómo impedir la explotación del sufrimiento si se “respeta” la propiedad que lo encarna? ¿Y qué pasa si los propietarios no renuncian pacíficamente a ella?
Si los budistas comprometidos no se han opuesto explícitamente al sistema socioeconómico y se han limitado a tratar de aliviar algunos de sus peores efectos, es por dos razones. En primer lugar, no tienen claro de qué se trata. Como son alérgicos a todo análisis que parezca “divisionista”, apenas aspiran a entender un sistema basado en la división de clases y en implacables conflictos de intereses. Como casi todos, simplemente se han tragado la versión oficial de la realidad, según la cual el colapso de los regímenes capitalistas de estado estalinistas en Rusia y en Europa del Este demuestra supuestamente la inevitabilidad de la forma de capitalismo occidental..
En segundo lugar, como el movimiento pacifista en general, han adoptado la idea de que la “violencia” es lo único que debe evitarse a toda costa. Esta actitud no sólo es simplista, sino también hipócrita: ellos confían tácitamente en todo tipo de violencias de estado (ejércitos, policía, cárceles) para proteger a sus personas queridas y sus posesiones, y seguro no se someterían pasivamente a muchas de las condiciones contra las que reprochan a otros rebelarse. El pacifismo acaba siendo en la práctica más tolerante con el orden dominante que con sus oponentes. Los mismos organizadores que rechazan a cualquier participante que pueda echar a perder la pureza de sus manifestaciones no violentas se jactan a menudo de haber desarrollado acuerdos amistosos con la policía. No resulta extraño que los disidentes que han tenido experiencias diferentes con la policía no estén demasiado impresionados con esta suerte de “perspectiva budista”.
Es cierto que muchas formas de lucha violenta, como el terrorismo y los golpes minoritarios, son inconsistentes con el tipo de organización abierta y participativa necesaria para crear una sociedad global genuinamente liberada. Una revolución antijerárquica sólo puede ser llevada a cabo por la gente en su conjunto, no por un grupo que supuestamente actúe en su nombre, y esta aplastante mayoría no necesitaría la violencia más que para neutralizar algunas bolsas de la minoría dominante que ésta tratase de mantener violentamente en su poder. Pero todo cambio social significativo envuelve inevitablemente algo de violencia. Parece más sensato admitir este hecho y simplemente esfozarse por minimizar la violencia tanto como sea posible.
Este dogmatismo antiviolencia va de lo sospechoso a lo absurdo cuando se opone también a toda forma de “violencia espiritual”. Por supuesto, no hay nada malo en intentar actuar “sin furia en el corazón” y en tratar de evitar verse atrapados por el odio y la venganza inútiles; pero en la práctica, este ideal sólo sirve a menudo como excusa para reprimir prácticamente todo análisis o crítica incisivos etiquetándolos de “furiosos” o de “intelectualmente arrogantes”. Partiendo de su (correcta) impresión de quiebra del izquierdismo tradicional, los budistas comprometidos han resuelto que toda táctica “confrontacional” y toda teoría “divisora” están mal aconsejadas y son irrelevantes. Como esta actitud equivale a ignorar prácticamente toda la historia de las luchas sociales, muchas experiencias exquisitamente sugestivas siguen siendo para ellos un libro cerrado (los experimentos anarquistas de organización social durante la revolución española de 1936, por ejemplo, o las tácticas situacionistas que provocaron la revuelta de mayo del 68 en Francia), y no les queda más que “compartir” las simplezas new-age más inocuas y tratar de fomentar el interés en las más tibias “acciones”, con el denominador común más bajo.
Resulta irónico que personas capaces de apreciar las anécdotas clásicas del Zen no vean que estas agudas tácticas para despertar la conciencia pueden ser también adecuadas en otros terrenos. A pesar de las diferencias obvias, hay interesantes analogías entre los métodos situacionistas y el Zen: ambos insisten en la realización práctica de sus ideas, y no en el mero asentimiento a una doctrina; ambos utilizan medios drásticos, como rechazar el diálogo inútil, y se niegan a ofrecer “alternativas positivas” de confección para tirar del tapete de las disposiciones habituales; ambos son por tanto previsiblemente acusados de “negatividad”.
Una de las viejas sentencias Zen dice: Si encuentras a un Buda, mátalo. ¿Han “matado” los budistas comprometidos a Thich Nhat Hanh en sus mentes o están todavía apegados a su imagen, fascinados por su misterioso conocimiento, consumiendo pasivamente sus obras y aceptando acríticamente sus puntos de vista? Nhat Hanh puede ser una persona excelente; sus escritos pueden inspirarnos e iluminarnos en ciertos aspectos. Pero su análisis social es ingenuo. Si parece ligeramente radical es sólo por contraste con la ingenuidad política aún mayor de la mayoría de los budistas. A muchos de sus admiradores puede extrañarles, quizás incluso indignarles, que alguien tenga el descaro de criticar a una persona tan santa, y tratarán de rechazar este panfleto encasillándolo como un tipo extraño de “ideología izquierdista furiosa” y asumiendo (incorrectamente) que está escrito por alguien sin experiencia en meditación budista.
Otros pueden conceder que algunos de estos puntos son bastante ciertos, pero preguntarán: “¿Tienes alguna alternativa constructiva práctica o sólo estás criticando? ¿Qué sugieres que hagamos?” No es preciso ser arquitecto para señalar las goteras. Si una crítica consigue que algunas personas se detengan y piensen para ver más allá de alguna ilusión, y quizás provoque también en ellas el deseo de vivir nuevas aventuras por su cuenta, ya ha tenido un efecto práctico. ¿Cuántas “acciones” consiguen esto?
En cuanto a lo que debes hacer, lo más importante es dejar de confiar en otros para que te lo digan. Es mejor cometer tus propios errores que seguir al líder espiritualmente más sabio o políticamente más correcto. No sólo es más interesante, sino que normalmente es también más efectivo llevar a cabo tus propios experimentos, aunque sean pequeños, que ser una cifra en un regimiento de cifras. Todas las jerarquías tienen que ser contestadas, pero el efecto más liberador procede a menudo de desafiar aquellas en las que estás más implicado.
Uno de los graffiti de mayo de 1968 decía: Sed realistas, pedid lo imposible. Las “alternativas constructivas” en el contexto del orden social actual son cuando menos limitadas, temporales y ambiguas; tienden a ser cooptadas y se convierten en parte del problema. Podemos estar obligados a tratar determinados temas urgentes como la guerra o las amenazas medioambientales, pero si aceptamos hacerlo en los términos del sistema y nos limitamos a reaccionar simplemente a cada nuevo desastre producido por él, nunca lo superaremos. En última instancia sólo podemos resolver las cuestiones de supervivencia negándonos a ser chantajeados por ellos, yendo enérgicamente más allá para desafiar toda la organización social anacrónica de la vida. Los movimientos que se limitan a protestas defensivas y serviles no alcanzarán siquiera las despreciables metas de supervivencia previstas para ellos.
BUREAU OF PUBLIC SECRETS octubre de 1993
lunes, 7 de septiembre de 2009
Universo: complejidad, vida y compasión en su línea de evolución (Aurora Despierta)

(Ver nota final sobre el origen de este artículo, libro de 245 pág. colocado en kaosenlared. Así el tema se hace más accesible a quien esté interesado)
¿Es el Universo hostil a la vida?. Si salimos de nuestra atmósfera sin más protección, moriremos. Incluso con nuestra actual tecnología no tendríamos suficiente protección en el espacio exterior o sus proximidades en caso de eyección de masa coronal durante una tormenta solar de las que justo nos protege el campo magnético terrestre. El Universo es para nosotros, fuera de las acogedoras condiciones de nuestro planeta, muy duro sin los recursos de la más sofisticada tecnología y lo seguirá siendo en el futuro. De modo que si lo vemos desde nuestra perspectiva de humanos y terrícolas parece que el Universo sí es hostil a la vida. Sin embargo no conocemos la suerte de la vida en el conjunto del Universo, si abunda o no y hasta qué punto está evolucionada. Visto desde la perspectiva de la totalidad del cosmos, sea mucha o poca la vida que albergue, no creo que pueda considerársele hostil a la vida, sino al contrario. A diferencia de otros posibles universos, en las leyes más básicas de éste se otorga una gran oportunidad al surgimiento de la vida gracias a la duración del Universo, al tiempo de existencia de las estrellas y otras condiciones más complejas en las que no voy a entrar y se pueden encontrar en los libros recomendados en la bibliografía mínima del final. La rutina de la materia inerte no es la creación de materia orgánica y vida, sino la prolongación en diversas formas de materia inerte, predominando la más simple (hidrógeno, helio). La actitud exigente y quejica es muy antropocéntrica, humanamente caprichosa, de seres “consentidos” pues el Universo, a pesar de su “hostilidad”, ha sido capaz de preparar, al menos en la Tierra, un nido acogedor para la vida. No somos especiales en el sentido antropocéntrico (finalidad del cosmos, cumbre de la creación divina, destino del Universo, diseño inteligente, plan divino, Principio Antrópico...), sino en el sentido de ser una creación involuntaria y prodigiosa de la materia más humilde, un regalo del cosmos por el que debemos sentirnos afortunados.
Simplificando, para entender lo fundamental, no es lo mismo decir “PARA QUE la inteligencia sea posible en el Universo, en su comienzo ha tenido que ocurrir X” que “X ha ocurrido PARA QUE haya vida inteligente en el Universo”. El primer enunciado expresa una condición, busca una causa y el segundo encuentra una finalidad, propósito. Confundir el primero con el segundo es un error de pensamiento teleológico (finalista), emparentado con el teológico de la creación o diseño inteligente divino. La inteligencia es una posibilidad, no un imperativo, que se ha dado a partir del potencial comprendido en las condiciones iniciales, pero -por lo que conocemos- tras un complicado y aleatorio proceso evolutivo que después de alcanzar en algunas fases una gran complejidad ha terminado con extinciones masivas para volver a ascender en una variedad muy diferente e imprevisible de especies que también han acabado extinguiéndose, hasta que, al fin, en una de esas oportunidades ha llegado a producirnos fortuitamente. Que las condiciones iniciales sean asombrosas por su ajuste fino e improbable al menos según nuestra actual comprensión científica, no significa que haya una intencionalidad en su diseño sino, lo más probable, un resultado de los muchos, más o menos afortunados, en la variedad de evoluciones de la energía-materia, uno de los tal vez múltiples universos existentes.
El surgimiento de la vida, según los biólogos, implica en sí tanta complejidad en el funcionamiento de la materia que no se daría con facilidad. De darse, lo más probable es que no sobrepase sus formas más elementales (bacterias) que son las que dominan nuestro planeta. Una mayor complejidad sería probable pero sólo marginal. En cuanto a la inteligencia, puede no aparecer nunca, dada la sofisticación de la materia implicada. La principal ventaja de la complejidad no es la mera supervivencia, pues las bacterias se las arreglan muy bien para eso, sino que da una oportunidad al conocimiento, la consciencia, la inteligencia y de ahí la intervención compasiva y respetuosa con el resto de la vida y el cosmos.
Si el surgimiento de la vida y de la inteligencia fuesen algo inevitable en el Universo -como creen muchos astrónomos contra el criterio de muchos biólogos-, este Universo sería sin duda amigable para la vida. Si la vida y la inteligencia fuesen extraordinariamente improbables y resultado de un proceso muy aleatorio, no por ello concluiríamos que el Universo sea hostil, pues a pesar de la dificultad para la materia de producir vida inteligente, lo ha conseguido, lo que nos haría más afortunados por haber alcanzado esa condición excepcional.
¿Podemos confiar en el Universo?. Si aceptamos la convención de arriba y abajo en el cosmos y nos acercamos a nuestro planeta desde el polo Sur, lo veremos suspendido en un abismo sin fondo, en un Universo inabarcable que escapa absolutamente a nuestro control, conocimiento y, en gran parte, comprensión. Si los astrónomos están en lo cierto, el Universo continuará su expansión hasta la extinción de las estrellas y con ellas, de la vida. Si nos fijamos en la muerte, las enfermedades, los sufrimientos, la explotación, la lucha por la supervivencia, la predación, la “escalada permanente en la guerra armamentística” de los seres vivientes, la competencia, lucha y evolución entre las especies, la matanza universal como sostén de la vida animal o más primitiva (virus, bacterias), colosales transformaciones geológicas, terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas, impacto de asteroides, dramáticos cambios climáticos, ciclos de abundancia y escasez de vida, extinción en masa de especies, estrellas gigantes rojas, supernovas, agujeros negros, etc podemos concluir que el Universo merece poca confianza. Podemos morir en cualquier etapa de nuestra vida (infancia, juventud, edad adulta, vejez) víctimas de un ser incomparablemente menos complejo (virus, bacteria) o del accidente más tonto. La enorme inversión en términos de evolución del cosmos y de la cultura humana que supone la creación y desarrollo de un ser humano hoy, puede perderse antes de que alcance su madurez, se reproduzca o pueda transmitir el bagaje cultural de su experiencia de la vida. Miles de personas buenas y capaces de contribuir a la corriente de humanidad en nuestra especie pueden ser eliminadas por un puñado de psicópatas y los egos que colaboran con ellos, incapaces de aportar nada pero que están situados en posiciones de poder; por no hablar del psicópata “por libre”, criminal y “asesino en serie”.
Pero, al menos en parte de esto, parece consistir precisamente el juego de la vida y muchos fenómenos violentos la hacen posible y también su evolución. Tan “milagrosa” como la existencia de cada ser humano lo es la de todos los seres. El “milagro” es la esencia del juego trágico de la vida. Ahí estaría su gracia, como el humor del absurdo. Nuestra existencia no es más absurda que la del conjunto del Universo condenado a la extinción pero que ha dado lugar al fenómeno de la consciencia y la inteligencia. No es el mejor universo imaginable pero es el que existe y ante la imposibilidad de cambiarlo, debemos aceptarlo, reconociendo su lado positivo y que siempre es mejor que nada. La vida no incumple ningún contrato o promesa. No es una estafa, sino más bien un juego arriesgado, a veces una broma divertida, otras una broma pesada. La matanza generalizada, la extinción, destrucción, catástrofes, crean las condiciones para alguna ventaja evolutiva de la materia y la vida.
La materia, dentro de sus limitaciones e inconsciencia, en el desenvolvimiento de la dinámica creada por el juego entre el azar y la necesidad, desde un desequilibrio relativo y la selección natural de los procesos fisico-químicos más productivos o estables, acaba sacando de sí el mayor partido posible. Por esa vía tal vez exista ¡una evolución de las leyes naturales! (Lee Smolin, en el programa 400 de “Redes”, TVE2, 30-V-2006). ¡Nosotros somos la prueba de que no le sale tan mal para no saber lo que hace!. La destrucción, la muerte, etc, parece ser el peaje del viaje de la materia por la vida hasta la consciencia y la inteligencia, también la compasión, al menos en nuestro planeta. El Universo es un gigantesco campo de juegos cuyas reglas básicas son las leyes de la materia y de la evolución de la vida. Como todo juego tiene su principio y su final, piezas que entran en él y se sacrifican, jugadores perdedores y ganadores. Un juego con reglas, pero sin un propósito, plan, dirección, finalidad, flecha; sólo ponerlo en marcha y a lo que resulte, aunque esté predestinado, al parecer, a terminar. La combinación de leyes y azar han dado lugar, al menos en nuestro planeta, al surgimiento de la consciencia, aunque no estaba predestinada, no era inevitable. Lo peor de este juego es cuando algunos hacen trampa o pretenden manipular las reglas a su favor sacando ventaja sobre los demás.
La evolución de la materia y la vida no obedece a los designios de una inteligencia (Dios), no hay en ella un propósito. Si es el resultado de un mecanismo ciego debemos estar infinitamente más sorprendidos y agradecidos por la parte que nos toca que quejosos por los costos de su desenvolvimiento.
El más tonto puede encender un televisor sin comprender nada de los conocimientos que han sido necesarios hasta llegar a producir un aparato tan sofisticado de un manejo tan sencillo. Un idiota, con igual facilidad, puede destruirlo. Cuando provocamos la extinción de una especie (aunque sea un insecto) nos estamos cargando una rama de la evolución y sus posibles futuras derivaciones; para siempre, de modo irreversible y en muy poco tiempo, cuando a la Naturaleza le ha costado miles o millones de años producir lo irrepetible.
Una pareja humana, en sólo unos pocos minutos, puede poner en marcha el proceso por el que, el cuerpo de la mujer, sin apenas intervención de su “yo”, se encarga de producir una nueva criatura de nuestra especie. Lo que a ella le cuesta nueve meses es el resultado final del “trabajo” evolutivo de toda la historia del Universo hasta hoy. Cada bebé, al nacer, sale de un “túnel del tiempo” de 14 mil millones de años. Un viaje inevitable para todo nacido al que nadie está destinado. A través de un acto tan simple somos partícipes ahora de lo que el Universo ha necesitado una eternidad en producir; una nueva persona, consciente, capaz de admirar y amar la vida, que está aquí sin tener por qué.
En el acto reproductivo sexuado entre las plantas encontramos una evolución en el sentido de mayor exigencia de cooperación. En unas especies, la fecundación se deja confiada al azar del viento, pero en otras se precisa la participación de insectos o aves para la polinización. En las especies animales encontramos una amplia escala, desde la simple sincronización en la emisión de las células sexuales (corales en determinada noche lunar), la proximidad (peces machos y hembras no se unen, sólo depositan juntos sus células reproductivas, en el desove), a la unión sexual por penetración. En la responsabilización entre machos y hembras por la descendencia vemos también una gradación en la relación, desde exclusivamente para el acto sexual, asegurarse la concepción, protección durante la gestación y nacimiento, durante largo tiempo asegurando la crianza de la nueva generación... lo que puede llegar a formas sofisticadas de división de tareas y compromiso del macho (caballito de mar, pingüino emperador).
El cuidado de la prole tanto por parte de la hembra como del macho, está más extendido entre las especies de lo que tendemos a pensar, incluso entre los invertebrados. Está presente en especies que no son sociales. Esta relación es un gran salto evolutivo pues la vida ya no es sólo luchar, protegerse entre los semejantes y el contacto ocasional para el apareo, sino una relación estrecha, sostenida, que implica el desarrollo de lazos emocionales, muchas veces entre los progenitores, pero casi siempre entre la madre y la cría, de diferente gradación según las especies, que supone interés no egoísta y cuidado por el otro.
En algunas películas de ciencia-ficción se expone la existencia de una especie depredadora desalmada, consumidora de mundos. Acaba con los recursos del planeta, lo degrada, extermina las especies en su provecho o por desconsideración y tiene que mudarse a otro, lo que no le resulta difícil por su extraordinaria tecnología espacial. Que no utilicen la tecnología para preservar su hábitat, se explica por su falta de compasión con las demás especies; por eso también están dispuestos a acabar con nosotros como si fuésemos cucarachas. En este supuesto se cumpliría la regla evolutiva de que sobrevive quien se adapta al medio o es capaz de buscarse otro medio y, más vulgarmente, la victoria del más fuerte. Pero sin duda, se produciría un enorme empobrecimiento del cosmos, evitable con la debida compasión o cuidado considerado. Así que una compasión bien entendida dejaría más posibilidades abiertas a la evolución del cosmos, en particular de la vida y por tanto al desarrollo de la conciencia, por improbable que pueda ser.
Recuerdo haber visto en un documental emitido en la televisión a una leona mutilada de una pata que sobrevivía porque los demás miembros de la manada (parientes) permitían que comiese de lo que ellos cazaban y la daban protección. En otro documental, un hombre joven que tiene un zoo moderno, con amplios espacios al aire libre, ha criado desde el biberón a varios leones machos y hembras y hienas. Esto y un trato muy respetuoso, sin violencia, le ha permitido establecer con ellos una relación asombrosa de cordialidad y confianza incluso con una leona con cachorros recién nacidos. Los animales, aunque no tienen que cazar para alimentarse, conservan muchos de sus instintos, como demuestra su reacción cuando ven a los de otras especies. Pero en el trato con su criador, casi parecen perros domésticos, pues lo ven como a una gran madre, hermano mayor, con manifestaciones de alegría y afecto indudables cuando entra en su territorio, totalmente vulnerable. Los murciélagos vampiros regurgitan la sangre para alimentar al compañero que sufre inanición, aunque no sea pariente. Se han encontrado restos humanos del Paleolítico que demuestran el cuidado por la comunidad a personas adultas que ya no podían valerse por sí mismas. Este comportamiento compasivo no es exclusivo de la humanidad aunque sea más raro entre los animales.
La relación de apego entre madre y cría, en los animales más inteligentes y menos autosuficientes al nacer, será fundamental para la supervivencia de la descendencia y el aprendizaje de su autonomía. En nuestra especie es clave tanto para eso como para la constitución de una personalidad sana (estudios a partir de John Bowlby) por lo que es responsabilidad de la comunidad poner los medios para que la relación de apego se desarrolle normalmente pues la empatía, la compasión, la solidaridad, el amor, dependen en gran parte de ello. Es demasiado lo que está en juego como para arriesgarlo con mezquinos criterios economicistas tan propios del capitalismo, de dominio de género o de una equivocada orientación en la igualdad social fruto de una sociedad tan competitiva e individualista. Nuestra mejor inversión en el futuro es una maternidad deseada, protegida y una infancia querida y feliz. Durante al menos en el primer año de vida del bebé, la maternidad debe tener toda la prioridad. Posteriormente a la madre se la apoyará para recuperar, si hace falta, cualificación profesional o lo que fuere, con una discriminación a su favor. Cualquier dificultad o inconveniencia hoy existente es superable en una civilización que entienda bien cuales son las prioridades y aporte los recursos económicos, sociales, asistenciales, relacionales, etc, para ello, cuando no imperen los criterios monetarios, explotadores y competitivos del capital sino los de los trabajadores/as asociados. Debe hacerse mucho más de lo que hoy se hace, incluso en sociedades ricas que paradójicamente son en este aspecto menos cuidadosas (EEUU) que otras con menos recursos globales. ¡Menos dinero en armamento y en las cuentas bancarias de la burguesía y más atención a la maternidad y la infancia!. ¡Ni una mujer discriminada laboralmente por su género o maternidad!. ¿Deberá generalizarse la esterilidad masculina para que entendamos la descendencia -controlada- como una bendición y nunca más una carga social?. Esto es respeto consecuente por la vida.
La capacidad de empatizar, simpatizar, tiene relación con la capacidad de comprender y con la inteligencia llamada “inteligencia emocional” clave para un buen uso de la inteligencia en general. Un psicópata puede tener una gran inteligencia “instrumental” pero al carecer de empatía, simpatía, su inteligencia es ciega y puede convertirse en una seria amenaza para los demás, yendo a contracorriente de lo más avanzado de la evolución y de los intereses de la Humanidad. En esta línea parece abundar, con un interés más inmediato, el reciente libro de Katherine Ellison “Inteligencia maternal” (editorial Destino 2006) que aún no he leído.
¿Por qué la compasión sería un paso más en la evolución del Universo?. Si aceptamos que lo es la corriente a la creciente complejidad y organización de la materia, el logro de la vida, la consciencia e inteligencia, también lo sería la compasión cuando en su versión más primitiva ayuda a la procreación al proteger a la prole, pero más aun por la contribución de la compasión a afinar y orientar debidamente la inteligencia. Con una mayor complejidad e inteligencia hay una mayor inversión por parte de la Naturaleza en una especie y de los progenitores en su descendencia. Es tal el esfuerzo invertido que es normal haya un cuidado especial para no perderla por accidente, ataque depredador o de miembros de la misma especie. Esa tendencia llevará también a la colaboración entre los miembros adultos de la especie para su particular supervivencia y facilitar la de su descendencia. En su forma más elevada nos encontramos con la compasión humana.
Si la ley del Universo fuese simplemente la ley del más fuerte y astuto, adelante, prosigamos con la gran extinción de las especies, condenemos a los más pobres y desamparados, lancémonos a la guerra nuclear, química y bacteriológica y que gane “el mejor”. Imaginemos una pandemia mundial causada por algunas bacterias o virus resistentes a nuestra medicina y capaces de terminar con nuestra especie. Con ese criterio, si una inteligencia extraterrestre fuese testigo y pudiese intervenir a nuestro favor, no debiera hacerlo pues sería “ingerencia en asuntos internos de la vida en otro planeta”, esperaría indiferente al triunfo de lo que ni siquiera es una vida completa (virus) y aplaudiría su poder si mutase y acabase por afectar a otras especies provocando una gran extinción en masa mayor que todas las padecidas en la historia de la Tierra. La compasión impediría este brutal retroceso de la evolución y por tanto se mostraría del lado del progreso en el Universo. Pero creo que harían bien en aprovechar para imponernos algunas condiciones que trajesen más sensatez y responsabilidad a nuestro mundo. ¡No iban a salvarnos para que nosotros terminásemos provocando una extinción en masa a la vez que suicidarnos!. Si nos negásemos en redondo, más valdría que una plaga acabase con otra antes de que se extendiese por el Universo poniendo tal vez en peligro a quienes mostraron más compasión que nosotros.
La biodiversidad es importante pues no debemos conformarnos con sólo una modalidad de consciencia y de inteligencia como la nuestra. Por ejemplo, un ser extraterrestre de las profundidades submarinas o subterráneo (cavernas) que viviese en la más completa oscuridad pero hubiese llegado a un grado de inteligencia comparable a la nuestra con su tecnología y ciencia, tendría una consciencia de sí, de su mundo y del cosmos y un cuerpo de ciencias con unas preocupaciones, perspectivas y recorridos muy diferentes a los nuestros, aunque tal vez tan eficientes o más. Pues nuestras ciencias están más condicionadas de lo que creemos por nuestras características biológicas (animal de superficie, sobre todo visual, con una gravedad, presión y densidad atmosférica, velocidad de los vientos, visibilidad, etc que hacen comportarse a los cuerpos y tomar conciencia de ellos de un modo particular). De aquí la importancia del respeto al extraño, al que tal vez seamos incapaces de comprender por las enormes dificultades para traducir los términos de ambos conocimientos. Una inteligencia así, a su modo, puede tener una comprensión del cosmos tan válida como la nuestra o tal vez superior (una reflexión interesante sobre la ciencia humana y la extraterrestre en “¿Es la ciencia universal?” de Jean-Marc Lévy-Leblond en Le Monde Diplomatique edición española, nº 129, julio 2006).
Antes de que nos instalemos fuera de nuestro planeta debemos superar nuestras miserias o acabaremos exportando nuestros infiernos al cosmos convirtiéndonos en una amenaza potencial para otros seres. Nuevamente la compasión será un factor de progreso en el Universo.
Apelar al “egoísmo inteligente” no será motivación suficiente para detener la máquina social de destrucción humana y planetaria que hemos creado pues seguiría siendo parte de una mente egoica. Sólo la superación de la identidad ilusoria separada del mundo, de los demás seres, nos dará la capacidad para crear una dinámica compasiva (simpatía, fraternidad, responsabilidad) que nos salve a todos.
No está claro que la complejidad de los seres vivos, a diferencia de la materia inerte, responda a una tendencia y no a un proceso aleatorio cuyo resultado, llamativo pero marginal, sea la complejidad. Puede que la complejidad se deba sólo al azar, o a un grado de probabilidad pero no a una tendencia como la de descender por un plano inclinado. En todo caso, los pasos hacia una menor complejidad se han dado cuando resulta más económica y mejor para asegurar la supervivencia o cuando una gran extinción sencillamente ha eliminado la mayoría de los organismos en particular los más complejos, siempre más vulnerables aunque sólo sea por su dependencia de una cadena trófica más larga o de la interacción entre especies también complejas o porque la cadena trófica se reduce casi al mínimo entre lo simple y lo más complejo. Pensemos en qué ocurriría con las ballenas, organismos muy complejos resultado de una larguísima y complicada evolución (mamíferos terrestres vuelven al mar) si por un pequeño cambio en el medio marino (elevación de la temperatura) escasease o se extinguiese el krill, crustáceo del placton del que se alimentan (una amenaza muy real por el calentamiento climático); o las plantas con flores que dependen de pájaros para la polinización y para transportar (comidas), las semillas a lugares donde tengan más probabilidades de prosperar, si esa ave desapareciese, o si desapareciese la planta, un ave que dependa mucho de ella.
Muchísimas especies extintas eran más sofisticadas que muchas de las sobrevivientes. Un cambio brusco en las condiciones ambientales puede conducir a la desaparición de animales o vegetales altamente complejos para ser sustituidos por otros, adaptados sí, pero claramente más simples o menos numerosos y variados. Las extinciones en masa han supuesto a veces un retroceso en la evolución de la vida, perdiéndose la variedad, complejidad y sofisticación acumulada. El progreso, la complejidad y variedad son sólo una ligera tendencia, sobre todo algo aleatorio, y tal vez venga de donde uno menos se lo espera. Antes he dejado en mal lugar a los virus por su amenaza, pero tal vez debamos a ellos los grandes saltos en la evolución si es verdad que no sólo infectan problemas sino material genético recogido del individuo de una especie a las células sexuales (gametos) de otra que transmitiría la variación genética (mucho mayor de la habitual) a la siguiente generación. Quién sabe si los virus no sólo nos pueden transmitir una enfermedad letal de otra especie (gripe de las aves) conduciéndonos a la extinción, sino información genética de otra especie provocando un cambio en individuos de la nuestra dando lugar a un nuevo y mejor homínido. Si no hay enemigo pequeño, tampoco debemos infravalorar a los minúsculos y simples pues tal vez lleguen a ser nuestros mejores aliados. El enemigo de ayer puede ser el amigo de mañana. Si extinciones masivas de especies fueron provocadas por el impacto de asteroides del espacio exterior quizás por similares mensajeros (meteoritos) llegase a nuestro planeta la materia orgánica origen de la vida, incluso bacterias, atrayendo la Tierra -con la fuerza de la gravedad (curvatura del espaciotiempo)- a los asteroides, cual óvulo al espermatozoide para ser fecundado (panspermia).
Si la complejidad es una potencialidad de la evolución, aunque muy secundaria en comparación con la inercia a la simplicidad (casi todo lo que existe son bacterias y seres unicelulares), la variedad depende mucho más del medio ambiente. Cuanto más variado sea (llanos y montañas, seco y húmedo) y haya ámbitos aislados (islas, continentes separados), más variedad genética se producirá. Pero si la tendencia de los continentes es nuevamente a juntarse, en un futuro lejano, si no nos hemos cargado antes el planeta, la uniformidad del medio hará que se reduzcan drásticamente la variedad de especies adaptadas al mismo. En tanto, no debemos ser un factor de extinción superior a lo que sería la dinámica de la naturaleza sin el impacto de nuestra tecnología más agresiva, salvo en el caso de amenaza a nuestra supervivencia (bacterias, virus...).
Decimos muchas veces que la vida es injusta cuando es resultado del azar que nos perjudica o, más veces de lo que sabemos reconocer, de nuestra propia estupidez o injusticia. Si nos va bien, no pensamos que la vida es injusta, aunque tal vez el caso lo sea. Si nos quejamos de lo injusta que es la vida tendremos que rastrear hasta la “injusticia” primera y más radical: todos los potenciales seres que nunca han existido, ni siquiera han sido concebidos, aunque tenían todo el potencial para ello, pero no disfrutaron de una oportunidad, mientras que nosotros, los vivos y muertos, sin mayor mérito para nacer que ellos, desaprovechamos más o menos nuestra suerte. La queja llevada al extremo cuestiona las mismas condiciones que hacen posible la vida, revelándonos su absurdidad, ayudándonos a relativizar otras reclamaciones del mismo corte.
Dicen los astrónomos que tal vez existan otros muchos universos pero con leyes muy diferentes al nuestro y que las condiciones para que se dé un cosmos en el que sea posible la vida son extraordinariamente precisas, “milimétricas”, de ajuste finísimo, casi imposibles, pero en el nuestro, pues en alguno acabarían por darse en esa lotería, se han dado. Tal vez en este Universo existan modos de vida más plácidos que los de nuestro planeta. Si nuestra perspectiva se amplía y comprendemos el “milagro” de que de una singularidad de un tamaño muy inferior al átomo surgió el Universo, luego la vida y la consciencia y cada uno de nosotros, entenderemos que difícilmente puede haber una “nada” más fértil y generosa. Somos el resultado “milagroso” de un Universo “imposible” en el que la materia de las estrellas ha alcanzado la proeza de comprenderse a sí misma a través de nuestra consciencia y la de otros seres probablemente.
Si pudiésemos observar el Universo de un vistazo y en muy poco tiempo asistir a su desarrollo, entenderíamos los sucesos integrados en ese Todo, con el azar y la libertad jugando entre los márgenes puestos por la necesidad. Pero la necesidad no es rígida. El azar crea necesidad cuando provoca, por ejemplo, mutaciones genéticas que abren nuevos caminos a la evolución, o de modo más ordinario, cuando con el sexo se combina el aporte genético de dos individuos unidos por el azar, permitiendo una mayor variedad en la descendencia y por tanto en la capacidad de adaptarse al medio cambiante. Así, la necesidad favorece al azar.
Recorrer los millones de galaxias y mundos extraños hasta localizar la nuestra, el Sol y descender junto a uno mismo caminando por la calle, sería similar a explorar por primera vez todo un gran continente, fijarse en alguna de sus selvas y descender hasta una hormiga de uno de los millones de hormigueros. Un ser que forma parte de algo inmenso de lo que depende de un modo u otro su existencia misma. La hormiga no puede explicar el Universo desde su posición. Sólo desde la perspectiva del Universo podemos entender el sentido de la hormiga.
Sin embargo, espontáneamente vemos el mundo y el Universo desde nuestra perspectiva de especie y horizonte limitado. Así en nuestras fantasías trasladamos al espacio exterior nuestros conflictos y guerras y no entendemos lo absurdos que deben ser, a escala del cosmos, los miserables problemas con los que nos hacemos la vida imposible y desperdiciamos nuestro estatus de seres inteligentes quedándonos al nivel de las hormigas legionarias soldado y sus expediciones por la selva, pero con menos disculpa. Es decir, todo lo contrario a la propuesta de este artículo.
Libros relacionados recomendados: Aunque sólo los he leído muy por encima, dos libros que me parecen prometedores: “La ventaja evolutiva del amor. Un estudio científico de las emociones positivas” George E. Vaillant, Rigden-Institut Gestalt, Barcelona, marzo 2009, 300 páginas. “La mente moral. Cómo la naturaleza ha desarrollado nuestro sentido del bien y del mal.” Marc D. Hauser, Paidos, 2008, 500 páginas.
Artículos míos relacionados: Humanidad, verdugo, víctima y esperanza en Kaosenlared el 19-IX-2008. Una exposición somera sobre la génesis de la identidad personal y la ilusión del ego, en el librito Holocausto judío, identidad y psicología nazis. Un fenómeno propio de la civilización capitalista en decadencia, en kaosenlared el 12-XII-07.
Para localizarlos y conocer otros sobre diversos temas que voy publicando en kaosenlared.net, con el buscador de kaosenlared por Aurora Despierta luego seleccionad por Autor y Procedencia, Ordenado por Fecha, y Durante los últimos Todo Kaos, Buscar. (en varias páginas, fijarse en la firma, no son míos todos los que aparecen, sí “Siglo XXI, perspectivas”).
