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martes, 13 de marzo de 2012

El capitalismo en crisis: ¿Reformas, colapso, o revolución socialista?


20 de febrero 2009
Por MS


La grave crisis económica ha dominado los titulares periodísticos, día tras día durante al menos los últimos seis meses, como ninguna otroepisodiode la historia reciente. Los masivos despidos, pérdidas y quiebras se han vuelto tan habituales como el diario recuento de muertos en Irak y Afganistán. Las colas de desempleados están desbordadas y ningún trabajo parece seguro.

No sólo es la situación fuera de control, sino que los trabajadores son conscientesdel escaso control que tienen sobre sus vidas. Su propio futuro está en manos de los líderes empresariales y políticos, que no pueden hacer nada más que seguir los impulsos inhumanos del capital.

Un aspecto deslumbrante, sin embargo, es el mercado de vendedores ambulantes de “soluciones”y de profetas de la catástrofe, que está en pleno auge. Por un lado, están los expertos que afirman conocer el secreto para conseguir enderezar de nuevo el capitalismo y curar el sistema de sus tendencias maníaco-depresivas, mientras que por otro lado, existe la minoría que ve la crisis como el comienzo del colapso final del capitalismo.

Los artículos de este sitio web, en contraste con la conmoción, pueden parecer tranquilos, o incluso complacientes. De la misma forma queen los días más tranquilos de antes de la crisis, seguimos abogando por el socialismo esencialmente en el mismo tono y con los mismos argumentos. Algunos lectores se preguntarán cómo esta crisis afecta a los socialistas y cómo estamos respondiendo a la misma. ¿En que nos diferenciamos de los que se ofrecen para resolver la crisis o de aquellos que dicen que estamos presenciando el fin del capitalismo?

Soluciones reformistas

Como trabajadores, los socialistas no necesariamente nos deleitamosconla crisis económica, en la medida en que nos enfrentamos aldesempleo o a recortes de salarios como todos los demás. Ser socialista no dota a una persona de un campo de fuerza de protección para bloquear los efectos nocivos del capitalismo. No hay duda de que la clase obrera, incluyendo a los socialistas, seremos los más afectados de esta crisis.

Es en esta atmósfera de ansiedad que los reformistas de todo tipo se adelantan para ofrecer vías de escape a seguro de fuego para aliviar el capitalismo de su resaca y mantenerlo sobrio para siempre. La mayor parte de la izquierda sigue confiando en que una mayor intervención y regulación por parte del estado más o menos hará el truco, que apunta a lo bien que aparentemente trabajaba en los años 1930. Eso es ciertamente discutible, pero estas ideas, probablemente confrontarán con la realidad muy pronto. Incluso si tales medidas son más o menos eficaces, la crisis aún puede prolongarse durante varios años, aunque nadie está realmente en condiciones de hacer predicciones claras.

El claro objetivo de los reformistas es conseguir que el capitalismo vuelva de nuevo a enderezarse, aunque abuena parte de la izquierda, le gusta condimentar su propio reformismo keynesiano con una retórica revolucionaria. Son capaces de salirse con la suya gracias a la idea generalizada de que cualquier participación del Estado en la economía es "socialista".

Los reformistas más imaginativos han visto la nacionalización de la banca, por ejemplo, como una parte integral de las medidas tanto para superar la crisis y como para poner en marcha un nuevo sistema de producción socialista, más allá de una simple medida temporal para apuntalar el sistema financiero en crisis. Este tipo de "socialismo" puede ser muy atractivo desde el punto de vista del marketing -, ya que ofrece algo para todos - pero esos reformistas están, de hecho, vendiendo una especie de capitalismo de Estado bajo una etiqueta falsa.

Tomemos el Socialist Equality Party (Partido Socialista por la Igualdad) , por ejemplo, que el pasado septiembre, en el momento del colapso de Lehman Brothers, confiadamente haya realizado la siguiente reivindicación como parte de un "programa socialista":

‘El sistema financiero en su conjunto debe ser sacado de las manos privadas y nacionalizado bajo la forma de un servicio público bajo el control democrático de la clase obrera, con medidas adoptadas para proteger las explotaciones de los pequeños ahorradores y titulares de acciones. Debe de estar subordinada a las necesidades sociales de las personas y dedicada al desarrollo y expansión de las fuerzas productivas con el fin de eliminar la pobreza y el desempleo y mejorar enormemente las condiciones de vida y el nivel cultural de toda la población.’ ("La crisis de Wall Street y el fracaso del capitalismo americano")

El autor, Barry Grey, presenta esta demanda como parte de un "programa socialista que coloca las necesidades de la gente antes de que los beneficios y las fortunas personales de la élite gobernante," necesario porque "no hay solución dentro del marco del sistema de ganancias "a la" crisis del sistema económico y político americano". Así que simplemente podemos suponer que su sistema financiero nacionalizado estaríafuncionando en el sentido de una sociedad socialista (o una sociedad que sigue un" programa socialista ").

Sin embargo, con un “socialismo” de este tipo: ¿Quién necesita reivindicar el capitalismo? Todavía habrá un sistema financiero, por lo que uno tendría que asumir que los bienes se pagan con dinero y por lo tanto se producen para el mercado. No habría necesidad de nada de eso, sin embargo, en una sociedad donde las cosas se produjesen para satisfacer directamente las necesidades de la gente, tal como democráticamente ésta las determinase. Puede sonar bonito decir que el sistema financiero tomará la "forma de un servicio público bajo el control democrático de la clase obrera" y estará "subordinado a las necesidades sociales de la gente", pero ¿qué significaría eso en la práctica? (Incluso ese "programa socialista" suena un poco cutre, con su promesa de "poner las necesidades de la gente antes de que los beneficios y las fortunas personales de la élite gobernante", lo cual, naturalmente, supone la continuidad de la existencia de una élite gobernante rica.)

Tal vez deberíamos felicitar al Socialist Equality Party de tener el controlen la curva de este tema de la nacionalización, como en cualquier buen "partido de vanguardia" debe ser, ahora que muchos gobiernos capitalistas están pensando en aplicar esas medidas. Y podríamos seguir con ellas si la nacionalización de la banca tiene éxito en estabilizar el sistema financiero. Pero esta organización y tanta otras similares se merecen nuestro desprecio por disfrazar medidas reformistas con traje revolucionario. Sus dulzonas promesas sólo bloquean el camino hacia la revolución por distorsionar completamente el significado del socialismo.


La teoría del colapso

En el extremo opuesto a los reformistas, o al menos en lo que parece, están quienes sostienen que el colapso final del capitalismo ha comenzado, y que los esfuerzos para apuntalar el sistema están condenados al fracaso.

Las razones dadas para este colapso inevitable varían un poco, sin embargo. Algunos argumentan, como muchos marxistas hicieron en la década de 1930, que es el resultado de las contradicciones internas del capitalismo, como la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Pero muchos más, incluyendo los partidarios de la teoría del pico del petróleo, ven el colapso como resultado de la colisión del capitalismo con una fuerza externa que impide suciclo de acumulación y expansión, que es el oxígeno del sistema.

No sólo hay una miríada de razones que se esgrimen para explicar el colapso inevitable, sino que hay conclusiones totalmente diferentes acerca de lo que llegará a reemplazar al capitalismo. Hay quienes ven el colapso como la radicalización de la población queagruparía a los trabajadores en torno a una perspectiva revolucionaria, mientras que otros muestran un largo período de anarquía social o incluso un retorno a la vida pre-industrial, y aconsejan a la gente retirarse a las colinas trashacer acopio de oro, armas y semillas de hortalizas.

Independientemente de las diferencias particulares, sin embargo, la idea de un inevitable colapso del capitalismo implica claramente que un gran cambio histórico podría tener lugar independientemente de nuestras acciones. En lugar de reemplazar el socialismo al capitalismo, sobre la base de las decisiones y acciones conscientes de los trabajadores, nos encontraríamos con que el capitalismo termina en algún momento, y que su hundimiento estimularía entonces un gran cambio social (para bien o para mal).

Uno podría preguntarse, sin embargo, qué tipo de sociedad que existiría en el ínterin, independientemente de lo breve que fuese, entre el colapso de lo antiguo y la aparición de lo nuevo. Esta sería "no capitalista", es de suponer, pero ¿cuál sería la línea divisoria entre los dos? ¿Es posible que una sociedad no sea capitalista, pero aun así no ser ninguna otra cosa?

La razón de la mayor parte de la confusión entre los "catastrofistas", como se denominan a veces, es que - al igual que los reformistas que confunden la nacionalización con el socialismo - no tienen una comprensión clara de lo que es el capitalismo, exactamente. Es decir, en lugar de entender el capitalismo en el nivel más esencial, como un sistema de producción de mercancíasbasado el afán de lucro, se quedan atrapados en las diversas formas de capitalismo, y pensar que algunas son más capitalistas que los demás.

Es cierto que formas de capitalismo o los gobiernos particulares pueden colapsar, pero esto no debe ser visto como el colapso del capitalismo mismo. Hay muchos ejemplos de colapsos para elegir, sobre todo la caída del gobierno de Weimar en Alemania que fue seguida por un régimen fascista. Por más de una década, Alemania pasó por la crisis económica, la agitación política, y una guerra catastrófica, y sin exagerar, se puede hablar de ese período como un colapso de la civilización. Sin embargo, a lo largo de todo el trayecto el sistema capitalista se mantuvo intacto.

Es más fácil hablar del "colapso del capitalismo" si una persona tiene una idea clara de lo que significa el capitalismo. Y si su significado no está claro, entonces la comprensión del socialismo también será un lío (al igual que los reformistas que confunden el capitalismo de Estado por el socialismo). Es importante, por lo tanto, distinguir entre un colapso económico o político, y elfin del capitalismo en sí, que sólo los trabajadores pueden lograr por su sustitución por el socialismo.

Optimismo en medio de la depresión

La crítica de esas dos tendencias podría llevar a algunos a creer que no ofrecemos ninguna solución a la crisis, o que dejamos de lado los factores objetivos de la realidad y ponemos demasiado énfasis en los subjetivos.

Lo que sí tenemos de hecho es una solución a esta crisis y a la crisis económica en general. Sin embargo, nuestro enfoque del problema es similar a la forma en que nos acercamos a otros problemas, como la destrucción del medio ambiente o la guerra, en los que no proponemos una solución para cada problema. Esto no es porque seamos indiferentes a los problemas, sino porque reconocemos la relación entre los problemas individuales y el sistema capitalista.

En un sentido, la resolución de un problema individual requiere la solución de todos ellos. La solución fundamental al problema de la crisis, por ejemplo, requiere la introducción de un nuevo sistema de producción y consumo que ya no sea mediado por el mercado, por lo que la base de las crisis ya no existirá. En otras palabras, el socialismo es la solución a esta crisis en particular y al problema de la crisis en sí, junto con todos los demás problemas sociales que son consustanciales al capitalismo.

En cuanto a los elementos objetivos frente a los subjetivos, sin duda, reconocemos que la realidad objetiva de la crisis tiene un impacto en cómo las personas ven el capitalismo. Y esta nueva situación puede crear un entorno más favorable para explicar el socialismo.

Ya en los últimos seis meses, ha habido un tremendo cambio en la "opinión pública", por lo que ahora está casi de moda reprendea los banqueros por su codicia e ignorancia. No hay duda de quemás gente que nunca se cuestiona si el capitalismo es en verdad el mejor de los mundos posibles.

Por supuesto, aun cuando la realidad cambiante ha estimulado la reflexión y el debate, las personas están llegando a las conclusiones diversas. Muchos ven la crisis como la quiebra de "neoliberalismo", en lugar del capitalismo en sí, mientras que la mentalidad religiosa, incluso podría decir que es castigo de Dios. No importa lo mucho que la realidad objetiva puede influir en las ideas y teorías provisionales, esta no va a depositar directamente el concepto de socialismo en la mente de una persona.

Así que todavía tenemos la tarea de explicar el socialismo, y es más importante que nunca en la medida en que los trabajadores sufren bajo la crisis. La explicación que ofrecemos hoy en día, como antes, se basa en el reconocimiento de las contradicciones fundamentales y las limitaciones del capitalismo, y la constatación de que este sistema (obsoleto) no puede ser reformado más allá de cierto punto. Y es durante una crisis que esas contradicciones y limitaciones son más evidentes. Marx describe cómo las "contradicciones y los antagonismos de la producción burguesa se desvelande forma explosiva" durante una crisis del mercado mundial, que es un momento en que hay una "concentración real y el ajuste por la fuerza" de esas contradicciones (Teorías sobre la plusvalía).

Con los problemas tan fáciles de ver, y las limitaciones del capitalismo tan palpables, la explicación del socialismo como solución puede muy bien empezar a parecer más concreta y práctica - y urgente - que nunca lo haya sido.

MS

domingo, 12 de febrero de 2012

Alemania, noviembre 1918 (del Socialist Standard)

Publicamos el presente artículo que hemos traducido del Socialist Standard. Sin compartir necesariamente el 100 % de sus posiciones nos parece de una importancia crucial su reflexión de fondo: no se puede transformar la sociedad en sentido socialista sin socialistas, sin una mayoría de trabajadores que conscientemente están por esa transformación, lo cual supone también diferenciar el socialismo de las reformas o del Capitalismo de estado de tipo "soviético". Esto pone de relieve a estas alturas de la historia la acuciante necesidad de teoría revolucionaria y además efectiva (es decir que tenga una influencia real entre las masas).Prometemos futuros artículos en que precisemos a amplifiquemos nuestra posición. ICORSOC.

La revolución alemana hace 80 años fue la única revuelta a escala nacional de los trabajadores en una sociedad capitalista avanzada. Consiguió derrocar al Kaiser, pero no al capitalismo. No fue así y no se podría haber sido de otra manera ya que no había una mayoría por el socialismo entre los trabajadores.
El otoño pasado vimos el espectáculo de los trotskistas y otras variedades de leninistas conmemorar el 80 aniversario de la Revolución Rusa (de Octubre) con gran entusiasmo. El Partido Trotskista "Marxista" convocaba a una reunión para la ocasión cerca de mi recorrido habitual. Cuando pregunté en el puesto de convocatoria de la reunión sobre la revolución (con algunos folletos de aspecto muy bonito, todo hay que decirlo) cual era exactamente su plataforma, su respuesta fue "bueno ¿Conoces la Revolución Rusa?". Le conteste que era consciente de su existencia. "Bueno, nosotros, eh, bueno, pensamos que fue una buena cosa". Grandiosa, hermosa plataforma, bien pensado, amigo. Del mismo modo nuestro entusiasta local del Socialist Workers Party me animó a asistir a su gran reunión sobre la Revolución Rusa y "ver a Tony Cliff antes de morir", lo que me pareció un incentivo insuficiente para asistir a lo que sin duda habría sido una tarde muy aburrida.

Todo esto, inevitablemente, me condujo a numerosos disputa a cara de perro con este tipo de personas, acerca de por qué la Revolución Rusa no era lo mejor que nunca hubiera pasado, incluyendo un encuentro muy desagradable y aterrador con una revolucionaria profesional sedienta de sangre del SWP oficina central ("La Cheka fue necesaria, para parar los pies a los contrarrevolucionarios", dijo, y yo me planteé el suicidio, desesperado por la condición de una especie humana que produce tal tipo de "socialista"). Inevitablemente, comoquiera que aludí a los crímenes de los bolcheviques, señaló los muchos defectos de la revolución, demostró que incluso el agradable y brillante señor Lenin perpetró los tipos de crímenes que normalmente se dice que solo empezaron con ese malvado señor Stalin, ellos tenían una última línea de defensa: ". La revolución rusa degeneró debido a la invasión de incontables países extranjeros, y el fracaso de la revolución alemana"

El punto sobre la invasión en gran medida es una burla de su apoyo general para la revolución victoriosa, si en realidad no fue tan victoriosa, y por lo tanto puede ser desestimado. Sin embargo, su segundo punto es digno de un examen más detallado. Es cierto que Lenin estaba probablemente predicando el éxito de su revolución en base a una revolución socialista triunfante en Alemania y con la esperanza de que se difundiera en todo el mundo desde allí. Fino y elegante, pero todo esto cambia a Lenin de ser un hombre peligroso que creía que podía conducir al mundo hacia el socialismo, a un jugador peligroso que creía que podía conducir al mundo hacia el socialismo. Por otra parte, los defensores de esta tesis parecen muy capaces de desestimar la conclusión obvia a esta linea de defensa: que Rusia era en realidad un escenario secundario, una nota a pie de página en la historia, a la única revolución de los trabajadores intentada en un Estado capitalista avanzado; y que todas sus celebraciones sobre Rusia y el deseo de seguir su modelo son deficientes, porque Alemania es la historia del caso real que tiene que pasar el examen.

En el momento de la primera guerra mundial, Alemania era la segunda economía industrial del mundo. Esto fue a pesar de tener un tercio de la población aun viviendo como campesinos feudales, y aun manteniendo un gobierno “cuasi-feudal” bajo un gobernante hereditario autocrático. También tenía uno de los mayores movimientos obreros de Europa (a pesar de haber sido el socialismo un credo criminalizado durante muchos años en Alemania). El Partido Socialdemócrata de Alemania (el SPD) tenía más de un millón de miembros y unos 4 millones y medio de votantes, así como numerosas publicaciones, grupos sociales afiliados, etc.

El SPD aún hablaba y se reconocía como un partido socialista radical, aunque en los años previos a la guerra derivase cada vez más hacia el reformismo descarado, en parte porque se había vuelto muy institucional. Ejerciendo su propio papel y aliado con los sindicatos, era mucho más que una parte de la estructura de la sociedad. A pesar de esto, una pequeña parte de socialistas revolucionarios se mantuvo dentro del SPD, caracterizada por Rosa Luxemburgo, y que ascendía en número a entre tres mil o cuatro mil.

Los verdaderos colores del SPD se mostraron durante la guerra, cuando casi todos sus miembros en el Reichstag apoyaron abiertamente la guerra y el partido difundió propaganda en el sentido de que la guerra era necesaria para detener la amenaza de la tiranía de Rusia. Esto poco a poco dio lugar a una escisión en el SPD en tres corrientes, con la eventual formación del Partido Socialdemócrata Independiente (USPD) en el grupo parlamentario y luego más lentamente con sus propios militantes. Los constituyentes de "extrema izquierda" se constituyeron en la Spartakusbund (Liga Espartaquista) con Karl Leibknecht y Rosa Luxemburgo como miembros destacados. Sin embargo, se mantuvieron dentro de las filas oficiales del USPD.

En septiembre de 1918 estaba claro que Alemania ya había perdido la guerra. La expectativa de la mayoría de la clase dominante era preservar su estado más o menos intacto. Estaban desesperados para evitar una repetición de los acontecimientos en Rusia y el alzamiento masivo de allí. Los poderosos generales del ejército propusieron una forma de salvar al Estado alemán liberalizándolo e incorporando a algunos de los elementos más complaciente del SPD al gobierno. Estos últimos aceptaron y se unió a un gobierno con el príncipe Max von Baden como canciller.

Consejos Obreros

Bajo este régimen la situación se fue deteriorando. Los trabajadores que sufrían desde largo tiempo comenzaron a expresar su frustración por la rutina y la miseria que enfrentaban después de cuatro años de tiempo de draconianas restricciones de guerra. Más y más trabajadores, soldados y marineros desencantados comenzaron a emprender huelgas y motines. A finales de octubre la insurrección se difundió, conforme los trabajadores en todo el país se levantaban contra el gobierno. Comenzando en el puerto norteño de Kiel los consejos obreros comenzaron a constituirse en todo el país. El 5 de noviembre, Hamburgo (una de las ciudades más grandes del país) se convirtió en objeto de control por un consejo obrero. Sobre el día 8 ocurría lo mismo en las grandes ciudades de Alemania: Munich, Colonia, Frankfurt y e incluso Berlín.

El resultado de la revuelta fue que el líder del SPD, Ebert, tomó el poder, y su colega Scheidemann declaró unilateralmente a Alemania república, en un intento por apaciguar a los rebeldes poniendo fin a la dominación de la aristocracia alemana. El Kaiser se fue al exilio. Si bien esta parte de la revuelta tuvo éxito, en realidad, no hizo sino terminar el trabajo comenzado por las revoluciones de 1848, con el establecimiento de una república burguesa plena en Alemania.

Solo una pequeña parte de la clase obrera alemana era socialista revolucionaria. La gran mayoría de los trabajadores apoyaban al SPD como una cuestión de rutina, incluyendo su programa general de reforma del capitalismo. Por otro lado, los obreros revolucionarios eran pequeños en número. Cuando en febrero de 1919, la Liga Espartaquista renunciado a sus vínculos con el USPD formó un Partido Comunista Alemán (KPD) reconoció este problema: "El socialismo no puede ser creado por decreto, ni puede ser establecido por un gobierno. El socialismo debe ser creado por las masas mismas, por cada proletario". Su problema era que no había proletarios suficientes que estuvieran el socialismo. Los levantamientos de noviembre habían sido una reacción a las dificultades y la tiranía, no un deseo coherente para establecer el socialismo. Contrariamente a lo que Chris Harman del SWP escribe en su libro ‘La Revolución Perdida’, en la que condescendiente afirma que los trabajadores estaban "confundidos" por las divisiones dentro del "movimiento socialista", lo que la mayoría de los trabajadores querían era que el SPD para pusiese fin a sus penurias. Los espartaquistas reconocían que el apoyo masivo necesario para establecer el socialismo faltaba y que el socialismo no estaba en la agenda en ese momento, por lo que resolvieron oponerse a la convocatoria de una asamblea constituyente que a su juicio ayudaría a consolidar el Estado alemán y en su lugar tratar de ganar socialistas dentro de los consejos obreros.