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domingo, 1 de julio de 2012

Debate sobre el cálculo económico en el socialismo

Previamente debemos realizar una serie de consideraciones: la confusión y mistificación históricas en torno al término "socialismo". Evidentemente no consideramos tal las sociedades de Capitalismo de Estado (Colectivismo de Estado según otros, en todo caso sociedad de explotación) que de este se reivindicaban (URSS, Países del Este, China...). En términos marxistas la realización de la sociedad socialista-comunista (que entiende como sinónimos) supone la superación de la explotación y de la ley del valor; es decir del sistema de trabajo asalariado, con la consecuente abolición no ya del mercado sino también del dinero y la adquisición de los bienes en función de su valor de uso. No descartamos por supuesto que en la transición puedan subsistir categorías del anterior sistemas, o incluso Engels insinua la utilización de vales no intercambiables entre si, en los que se incluya el número de horas aportadas a la sociedad con el trabajo.

No obstante, la economía socialista plenamente desarrollada (no se trata de la vuelta a un comunismo primitivo) debe partir del nivel de desarrollo de las fuerzas productivas aportado por el capitalismo. Por ello, lo que es una "asociación de productores libres" no puede evitar los calculos relativos a problemas tales como las necesidades, las fuerzas productivas disponibles, la correcta asignación de recursos ... La economía socialista no funciona en función de los beneficios pero debe optimizar el tiempo de trabajo disponible, los recursos energéticos y materias primas y dilucidar su compleja red de interacciones. De lo contrario nos podríamos encontrar con una pérdida estúpida en el aprovechamiento de trabajo humano (por una hipotética baja calidad o productividad de los bienes de equipo) o un mal dimensionamiento de las necesidades energéticas o de materias primas que provocase una sobreexplotación de los recursos del planeta para unos resultados pobres. Por no hablar de la resolución de la intrincada red de productos finales, semielaborados, bienes de equipo: sería un mal aprovechamiento la parálisis en el funcionamiento de una máquina por la falta de un determinado componente que se fabrica en Burdeos y todavía está en proceso de elaboración. Si dicha máquina es por ejemplo una cosechadora se produciría un cierto impacto en la producción de alimentos. Si la descoordinación es la norma podríamos encontrarnos con carencias y faltas de calidad en lo relativo a las necesidades más básicas.

Es por ello, que la economía socialista no puede prescindir de la planificación y el cálculo, aún superando toda explotación y toda atadura burocráticas. Y si partimos de que el socialismo solo puede ser una sociedad establecida a nivel mundial la complejidad de la red de producción se ve incrementada

En los próximas entradas del blog vamos a salir al paso de este debate de absoluta necesidad como punto de partida de cualquier movimiento que pretenda transformar realmente la sociedad (por supuesto a mejor, pues la opción contraria no es descartable por desgracia). Pues sin un constante reciclaje teórico y un aprendizaje de la realidad objetiva no es posible una teoría revolucionaria y sin teoría revolucionaria no hay revolución. Es este tremendo déficit teórico el que permite actualmente a las clases dominantes aplicar brutales medidas a pesar de las movilizaciones de masas, que sin descartar sus méritos (15-M, luchas en Grecia, Ocuppy Wall Street) no son suficientes siquiera para hacer retroceder levemente la determinación de los "peces gordos". O que movimientos como la "primavera arabe" acaben en guerras o con la victoria de los candidatos islámicos.
Este debate se está desarrollamdo actualmente en torno a los foros del Movimiento Socialista Mundial y el proyecto A World in Common. Vamos a intentar publicitar todos los debates en torno, así como traducir e intentar comunicar en la forma más didáctica las ideas clave.

El punto de arranque del debate es un artículo de Ludwig von Mises de 1920, en el que negaba categóricamente la posibilidad de cálculo económico racional en un sistema económico socialista. Específicamente, Von Mises argumentaba que en una economía puramente socialista no se puede fijar el precio de los "bienes de capital" de forma eficiente para cumplir con el propósito del cálculo económico. El argumento principal es que el socialismo busca eliminar el mercado y, sin mercado, no puede haber una base racional para la asignación de recursos, específicamente, para la creación e intercambio de bienes de capital. Según Von Mises, no habría en ese caso una razón económica para decidir cuales y cuántos bienes de capital se producirían, a quién se asignaríann ni a cambio de qué, es decir, supuestamente no podría haber cálculo económico. Además Von Mises argumentaba que el mecanismo de formación de precios sólo era posible mediante las relaciones de intercambio de bienes producidos sobre la base de de un régimen de libre oferta y demanda, lo cual implica además la propiedad privada del capital .

Más tarde el economista rumano Abba Lerner y el polaco Oskar Lange refutaron esta última conclusión construyendo explícitamente un modelo en que existía formación de precios sin mercado, y en el que de hecho podía alcanzarse la misma asignación eficiente de libre mercado sin necesidad de mecanismos de formación de precios. Esa contraargumentación estimuló fuertemente el debate.
Antes del trabajo de Lerner y Lange, de hecho el debate ya había empezado. Durante la década de 1930 hubo numerosos intentos de refutar esta tesis por parte de F. Taylor, H. D. Dickinson, C. Landauer, E. Heimann y otros. Entre estos polemistas destaca Karl Polanyi cuya aversión tanto por la concepción del mercado libre como por el socialismo centralizado le habían llevado a tratar de elaborar una teoría positiva de la economía socialista. Polanyi consideraba que la economía de mercado y el socialismo centralizado eran dos formas de «libertad», y durante el transcurso de un seminario impartido en Viena en 1922 sobre guild socialism lanzó un desafío de debate a Von Mises sobre sus puntos de vista.

Por otra parte, la aportación de Leontief con su modelo input-output, permite transformar este cálculo en un sistema de ecuaciones, de resolución complejísima. No obstante, realizadas ciertas simplificaciones y gracias a la actual potencia de cálculo de los ordenadores se facilita enormenmente la resolución. Según Cottrell y Cockshott bastarían unos diecisiete minutos (sic) de cálculo con la potencia de cálculo de principio de los 90.

Prometemos nuevas aportaciones, de momento enlazamos con la información disponible en wikipedia:

martes, 13 de marzo de 2012

El capitalismo en crisis: ¿Reformas, colapso, o revolución socialista?


20 de febrero 2009
Por MS


La grave crisis económica ha dominado los titulares periodísticos, día tras día durante al menos los últimos seis meses, como ninguna otroepisodiode la historia reciente. Los masivos despidos, pérdidas y quiebras se han vuelto tan habituales como el diario recuento de muertos en Irak y Afganistán. Las colas de desempleados están desbordadas y ningún trabajo parece seguro.

No sólo es la situación fuera de control, sino que los trabajadores son conscientesdel escaso control que tienen sobre sus vidas. Su propio futuro está en manos de los líderes empresariales y políticos, que no pueden hacer nada más que seguir los impulsos inhumanos del capital.

Un aspecto deslumbrante, sin embargo, es el mercado de vendedores ambulantes de “soluciones”y de profetas de la catástrofe, que está en pleno auge. Por un lado, están los expertos que afirman conocer el secreto para conseguir enderezar de nuevo el capitalismo y curar el sistema de sus tendencias maníaco-depresivas, mientras que por otro lado, existe la minoría que ve la crisis como el comienzo del colapso final del capitalismo.

Los artículos de este sitio web, en contraste con la conmoción, pueden parecer tranquilos, o incluso complacientes. De la misma forma queen los días más tranquilos de antes de la crisis, seguimos abogando por el socialismo esencialmente en el mismo tono y con los mismos argumentos. Algunos lectores se preguntarán cómo esta crisis afecta a los socialistas y cómo estamos respondiendo a la misma. ¿En que nos diferenciamos de los que se ofrecen para resolver la crisis o de aquellos que dicen que estamos presenciando el fin del capitalismo?

Soluciones reformistas

Como trabajadores, los socialistas no necesariamente nos deleitamosconla crisis económica, en la medida en que nos enfrentamos aldesempleo o a recortes de salarios como todos los demás. Ser socialista no dota a una persona de un campo de fuerza de protección para bloquear los efectos nocivos del capitalismo. No hay duda de que la clase obrera, incluyendo a los socialistas, seremos los más afectados de esta crisis.

Es en esta atmósfera de ansiedad que los reformistas de todo tipo se adelantan para ofrecer vías de escape a seguro de fuego para aliviar el capitalismo de su resaca y mantenerlo sobrio para siempre. La mayor parte de la izquierda sigue confiando en que una mayor intervención y regulación por parte del estado más o menos hará el truco, que apunta a lo bien que aparentemente trabajaba en los años 1930. Eso es ciertamente discutible, pero estas ideas, probablemente confrontarán con la realidad muy pronto. Incluso si tales medidas son más o menos eficaces, la crisis aún puede prolongarse durante varios años, aunque nadie está realmente en condiciones de hacer predicciones claras.

El claro objetivo de los reformistas es conseguir que el capitalismo vuelva de nuevo a enderezarse, aunque abuena parte de la izquierda, le gusta condimentar su propio reformismo keynesiano con una retórica revolucionaria. Son capaces de salirse con la suya gracias a la idea generalizada de que cualquier participación del Estado en la economía es "socialista".

Los reformistas más imaginativos han visto la nacionalización de la banca, por ejemplo, como una parte integral de las medidas tanto para superar la crisis y como para poner en marcha un nuevo sistema de producción socialista, más allá de una simple medida temporal para apuntalar el sistema financiero en crisis. Este tipo de "socialismo" puede ser muy atractivo desde el punto de vista del marketing -, ya que ofrece algo para todos - pero esos reformistas están, de hecho, vendiendo una especie de capitalismo de Estado bajo una etiqueta falsa.

Tomemos el Socialist Equality Party (Partido Socialista por la Igualdad) , por ejemplo, que el pasado septiembre, en el momento del colapso de Lehman Brothers, confiadamente haya realizado la siguiente reivindicación como parte de un "programa socialista":

‘El sistema financiero en su conjunto debe ser sacado de las manos privadas y nacionalizado bajo la forma de un servicio público bajo el control democrático de la clase obrera, con medidas adoptadas para proteger las explotaciones de los pequeños ahorradores y titulares de acciones. Debe de estar subordinada a las necesidades sociales de las personas y dedicada al desarrollo y expansión de las fuerzas productivas con el fin de eliminar la pobreza y el desempleo y mejorar enormemente las condiciones de vida y el nivel cultural de toda la población.’ ("La crisis de Wall Street y el fracaso del capitalismo americano")

El autor, Barry Grey, presenta esta demanda como parte de un "programa socialista que coloca las necesidades de la gente antes de que los beneficios y las fortunas personales de la élite gobernante," necesario porque "no hay solución dentro del marco del sistema de ganancias "a la" crisis del sistema económico y político americano". Así que simplemente podemos suponer que su sistema financiero nacionalizado estaríafuncionando en el sentido de una sociedad socialista (o una sociedad que sigue un" programa socialista ").

Sin embargo, con un “socialismo” de este tipo: ¿Quién necesita reivindicar el capitalismo? Todavía habrá un sistema financiero, por lo que uno tendría que asumir que los bienes se pagan con dinero y por lo tanto se producen para el mercado. No habría necesidad de nada de eso, sin embargo, en una sociedad donde las cosas se produjesen para satisfacer directamente las necesidades de la gente, tal como democráticamente ésta las determinase. Puede sonar bonito decir que el sistema financiero tomará la "forma de un servicio público bajo el control democrático de la clase obrera" y estará "subordinado a las necesidades sociales de la gente", pero ¿qué significaría eso en la práctica? (Incluso ese "programa socialista" suena un poco cutre, con su promesa de "poner las necesidades de la gente antes de que los beneficios y las fortunas personales de la élite gobernante", lo cual, naturalmente, supone la continuidad de la existencia de una élite gobernante rica.)

Tal vez deberíamos felicitar al Socialist Equality Party de tener el controlen la curva de este tema de la nacionalización, como en cualquier buen "partido de vanguardia" debe ser, ahora que muchos gobiernos capitalistas están pensando en aplicar esas medidas. Y podríamos seguir con ellas si la nacionalización de la banca tiene éxito en estabilizar el sistema financiero. Pero esta organización y tanta otras similares se merecen nuestro desprecio por disfrazar medidas reformistas con traje revolucionario. Sus dulzonas promesas sólo bloquean el camino hacia la revolución por distorsionar completamente el significado del socialismo.


La teoría del colapso

En el extremo opuesto a los reformistas, o al menos en lo que parece, están quienes sostienen que el colapso final del capitalismo ha comenzado, y que los esfuerzos para apuntalar el sistema están condenados al fracaso.

Las razones dadas para este colapso inevitable varían un poco, sin embargo. Algunos argumentan, como muchos marxistas hicieron en la década de 1930, que es el resultado de las contradicciones internas del capitalismo, como la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Pero muchos más, incluyendo los partidarios de la teoría del pico del petróleo, ven el colapso como resultado de la colisión del capitalismo con una fuerza externa que impide suciclo de acumulación y expansión, que es el oxígeno del sistema.

No sólo hay una miríada de razones que se esgrimen para explicar el colapso inevitable, sino que hay conclusiones totalmente diferentes acerca de lo que llegará a reemplazar al capitalismo. Hay quienes ven el colapso como la radicalización de la población queagruparía a los trabajadores en torno a una perspectiva revolucionaria, mientras que otros muestran un largo período de anarquía social o incluso un retorno a la vida pre-industrial, y aconsejan a la gente retirarse a las colinas trashacer acopio de oro, armas y semillas de hortalizas.

Independientemente de las diferencias particulares, sin embargo, la idea de un inevitable colapso del capitalismo implica claramente que un gran cambio histórico podría tener lugar independientemente de nuestras acciones. En lugar de reemplazar el socialismo al capitalismo, sobre la base de las decisiones y acciones conscientes de los trabajadores, nos encontraríamos con que el capitalismo termina en algún momento, y que su hundimiento estimularía entonces un gran cambio social (para bien o para mal).

Uno podría preguntarse, sin embargo, qué tipo de sociedad que existiría en el ínterin, independientemente de lo breve que fuese, entre el colapso de lo antiguo y la aparición de lo nuevo. Esta sería "no capitalista", es de suponer, pero ¿cuál sería la línea divisoria entre los dos? ¿Es posible que una sociedad no sea capitalista, pero aun así no ser ninguna otra cosa?

La razón de la mayor parte de la confusión entre los "catastrofistas", como se denominan a veces, es que - al igual que los reformistas que confunden la nacionalización con el socialismo - no tienen una comprensión clara de lo que es el capitalismo, exactamente. Es decir, en lugar de entender el capitalismo en el nivel más esencial, como un sistema de producción de mercancíasbasado el afán de lucro, se quedan atrapados en las diversas formas de capitalismo, y pensar que algunas son más capitalistas que los demás.

Es cierto que formas de capitalismo o los gobiernos particulares pueden colapsar, pero esto no debe ser visto como el colapso del capitalismo mismo. Hay muchos ejemplos de colapsos para elegir, sobre todo la caída del gobierno de Weimar en Alemania que fue seguida por un régimen fascista. Por más de una década, Alemania pasó por la crisis económica, la agitación política, y una guerra catastrófica, y sin exagerar, se puede hablar de ese período como un colapso de la civilización. Sin embargo, a lo largo de todo el trayecto el sistema capitalista se mantuvo intacto.

Es más fácil hablar del "colapso del capitalismo" si una persona tiene una idea clara de lo que significa el capitalismo. Y si su significado no está claro, entonces la comprensión del socialismo también será un lío (al igual que los reformistas que confunden el capitalismo de Estado por el socialismo). Es importante, por lo tanto, distinguir entre un colapso económico o político, y elfin del capitalismo en sí, que sólo los trabajadores pueden lograr por su sustitución por el socialismo.

Optimismo en medio de la depresión

La crítica de esas dos tendencias podría llevar a algunos a creer que no ofrecemos ninguna solución a la crisis, o que dejamos de lado los factores objetivos de la realidad y ponemos demasiado énfasis en los subjetivos.

Lo que sí tenemos de hecho es una solución a esta crisis y a la crisis económica en general. Sin embargo, nuestro enfoque del problema es similar a la forma en que nos acercamos a otros problemas, como la destrucción del medio ambiente o la guerra, en los que no proponemos una solución para cada problema. Esto no es porque seamos indiferentes a los problemas, sino porque reconocemos la relación entre los problemas individuales y el sistema capitalista.

En un sentido, la resolución de un problema individual requiere la solución de todos ellos. La solución fundamental al problema de la crisis, por ejemplo, requiere la introducción de un nuevo sistema de producción y consumo que ya no sea mediado por el mercado, por lo que la base de las crisis ya no existirá. En otras palabras, el socialismo es la solución a esta crisis en particular y al problema de la crisis en sí, junto con todos los demás problemas sociales que son consustanciales al capitalismo.

En cuanto a los elementos objetivos frente a los subjetivos, sin duda, reconocemos que la realidad objetiva de la crisis tiene un impacto en cómo las personas ven el capitalismo. Y esta nueva situación puede crear un entorno más favorable para explicar el socialismo.

Ya en los últimos seis meses, ha habido un tremendo cambio en la "opinión pública", por lo que ahora está casi de moda reprendea los banqueros por su codicia e ignorancia. No hay duda de quemás gente que nunca se cuestiona si el capitalismo es en verdad el mejor de los mundos posibles.

Por supuesto, aun cuando la realidad cambiante ha estimulado la reflexión y el debate, las personas están llegando a las conclusiones diversas. Muchos ven la crisis como la quiebra de "neoliberalismo", en lugar del capitalismo en sí, mientras que la mentalidad religiosa, incluso podría decir que es castigo de Dios. No importa lo mucho que la realidad objetiva puede influir en las ideas y teorías provisionales, esta no va a depositar directamente el concepto de socialismo en la mente de una persona.

Así que todavía tenemos la tarea de explicar el socialismo, y es más importante que nunca en la medida en que los trabajadores sufren bajo la crisis. La explicación que ofrecemos hoy en día, como antes, se basa en el reconocimiento de las contradicciones fundamentales y las limitaciones del capitalismo, y la constatación de que este sistema (obsoleto) no puede ser reformado más allá de cierto punto. Y es durante una crisis que esas contradicciones y limitaciones son más evidentes. Marx describe cómo las "contradicciones y los antagonismos de la producción burguesa se desvelande forma explosiva" durante una crisis del mercado mundial, que es un momento en que hay una "concentración real y el ajuste por la fuerza" de esas contradicciones (Teorías sobre la plusvalía).

Con los problemas tan fáciles de ver, y las limitaciones del capitalismo tan palpables, la explicación del socialismo como solución puede muy bien empezar a parecer más concreta y práctica - y urgente - que nunca lo haya sido.

MS

lunes, 5 de marzo de 2012

Tecnologías de la Información y Socialismo (del Socialist Standard)


El socialismo será una sociedad basada en la producción para su uso. Pero, ¿qué significa esto? ¿Cómo podría esto funcionar y qué papel podría jugar la tecnología de la información en el socialismo?

Al describir la nueva sociedad por la que están trabajando , los socialistas se enfrentan con frecuencia la pregunta de "¿cómo funcionará esto?". Los que preguntan a menudo asumen que las cosas sólo pueden “funcionar” con un sistema de dinero y  precios, que las cosas simplemente ocurren, sin necesidad de que ellos participen.

El sistema de mercado de compra y venta probablemente "funcione" bien, en el sentido de que sigue funcionando con o sin las persona traten de controlar a dónde nos lleva. Después de todo, los políticos de hoy en día parecen admitir cada vez más el escaso control que tienen sobre el sistema que simplemente administran. Sin embargo, esta ausencia inevitable de de control social consciente es precisamente el problema. La nueva forma de organización social donde la producción se organiza exclusivamente para su uso puede requerir una participación más activa de la gente, pero esta es la única manera de dirigir la sociedad en interés de toda la población. Así que al responder a la pregunta "¿cómo funcionara esto?" los socialistas reconocen que existe en primer lugar, la necesidad de que la gran mayoría de la gente de entienda y quiera el socialismo.

La forma en que las cosas van a "funcionar" en el socialismo es a través de lo que llamamos "la producción para su uso". Este rasgo definitorio del socialismo no es difícil de entender: simplemente significa producir directamente lo que se necesita, sin necesidad de intercambio monetario como en el capitalismo. A lo largo de la historia humana siempre ha habido la producción exclusivamente para el uso, a partir de la recolección de alimentos y la fabricación de herramientas en sociedades cazadoras-recolectoras. En el capitalismo de hoy en día, hay muchos ejemplos que van desde las actividades de las organizaciones de voluntarios para las tareas del hogar o jardinería.

Producción para el uso

En el socialismo, la producción directamente para el uso será la regla. La producción socialista necesita organizarse democráticamente: una organización de la producción para el uso dictatorial no sería socialismo. Al considerar la relación entre la democracia y la producción, la cuestión de  "¿cómo va a funcionar?" exige algunas respuestas más. En la construcción del socialismo, tenemos que considerar cómo las preferencias y opiniones de toda la sociedad se verán reflejadas en las decisiones que se toman sobre la producción de bienes y servicios.

Tres preguntas específicas acerca de la producción en el socialismo vienen a la mente. En primer lugar, una pregunta sobre el cálculo económico, en segundo lugar  la escala geográfica de la toma de decisiones y en tercer lugar los incentivos en una sociedad socialista. Estas son cuestiones donde el papel de las tecnologías de la información (TI) en el socialismo pueden ser importante en las respuestas ofrecidas por los socialistas.

La primera pregunta concerniente al cálculo económico se plantea por los defensores del libre mercado. El mercado se dice que es un mecanismo descentralizado para el cálculo de la demanda a fin de lograr el nivel adecuado de suministro, tal como se expresa a través del gasto monetario. Hay, por supuesto, defectos en este argumento: el dinero no se distribuye por igual, el mercado no es un sistema tan elegantemente descentralizado y no alcanzar el tipo de eficiencia de los libros de texto tal como se pretende. Sin embargo, existe la necesidad de mostrar cómo los cálculos sobre la oferta y la demanda serían estimados en la ausencia del sistema de mercado.

Sería necesario calcular la cantidad de suministros que serían necesarios para alcanzar un determinado nivel de producción. Este tipo de cálculo de input-output tendría que ocurrir en diferentes escalas geográficas: desde las formas “locales” de cálculo a la regional e incluso mundial. Esto se conecta con nuestra segunda pregunta sobre el alcance de la toma de decisión local frente a la centralizada hecha en el socialismo.

En cuanto a las formas locales de organización, las unidades individuales de producción en el capitalismo (fábricas, oficinas, etc.) ya la tienen sistemas TI para el cálculo de los recursos que se requieren en la producción, así como sistemas de control del stock para la gestión de los suministros de recursos. Aparte de los aspectos que conciernen a la contabilidad monetaria, estos sistemas podrían ser de utilidad que fueran adoptados por la sociedad socialista.

En cualquier caso, la contabilidad monetaria no ayuda con los cálculos de input-output que realmente se necesitan en la planificación de la producción. Estos cálculos se pueden hacer en términos de cantidades (ya sea en kilogramos, litros, watts u otras unidades de medida). Ellos son a menudo, incluso dentro del capitalismo. De hecho incluso en 1973, el economista Wassily Leontief fue galardonado con un premio Nobel por la formular una metodología para el análisis de input-output en que se podría recurrir a esas medidas cuantitativas.

Además de la utilización de sistemas TI existentes, algunos nuevos desarrollos serían necesarios en la organización local de la producción. Por ejemplo, las operaciones de los diferentes tipos de actividad productiva podrían ser hechas abiertas y revisables a través de una información pública mejorada. La toma de decisiones y la contratación de personas con ciertas habilidades son otras áreas donde las TI podrían mejorar la organización de la producción para su uso.

Pasando a las escalas regionales y globales, a menudo se dice que la producción en la sociedad moderna es demasiado compleja para ser objeto de cálculo. Sin embargo, incluso remontándonos a la década de los sesenta, cuando la tecnología informática estaba en sus primeras etapas, teóricos de la mentalidad “socialista” han citado el uso potencial de los ordenadores para el cálculo de input-output auna escala más amplia. La potencia de computación moderna significa que los cálculos necesarios, incluso para millones de productos se podría lograr en minutos. De hecho, la escala computacional de estos cálculos es pequeña en comparación con otras aplicaciones de las modernas "super-computadoras" tales como en el pronóstico del tiempo (ver ‘Towards a New Socialism’ de W. Paul Cockshott y AllinCottrell, SpokemansBooks, 1993)

Toma de decisiones democrática

El procesamiento matemático a gran escala no constituiría el problema de otros tiempos, sin embargo, una sociedad socialista tendría que hacer frente a la cuestión de la mejor manera de democratizar la producción. Podría ser utilizada para proporcionar acceso universal a las fuentes globales de información sobre las diferentes opciones que se plantean en la planificación de la producción. Es importante señalar que el almacenamiento centralizado de información no significa necesariamente que la toma de decisiones debe ser centralizada. La mayor disponibilidad de información facilitaría la propia democracia que los socialistas argumentan que se necesita para prevenir la centralización del poder.

La cuestión de hasta qué punto será posible localizar la producción y la toma de decisiones seguirá siendo un tema de debate, tanto antes como después de la revolución socialista. Ciertamente, la organización local parece adecuada para muchos tipos de producción, algunas de los cuales no necesitarán tanta centralización o incluso nada de la información utilizada en su planificación. Otras cuestiones necesitarán decisiones a una escala geográfica más amplia: algunos aspectos de la gestión del medio ambiente, por ejemplo. La discusión de estos temas se beneficiará de la versatilidad de los sistemas de TI, lo que significa que la toma de decisiones puede ocurrir a la escala más adecuada, ya sea local, regional o global.

Sobre la tercera pregunta, acerca de los incentivos, a menudo se pregunta qué podría motivar a la gente en el socialismo a buscar nuevas innovaciones. La principal respuesta a esto radica en el conjunto completamente nuevo de prioridades y motivaciones en que las personas reconocerían la urgente necesidad de lograr cierto tipo de desarrollo (por ejemplo, el desarrollo de fuentes de energía renovables y otras formas ecológicamente sostenibles de producción). Las TI, promoviendo el intercambio de conocimientos y la cooperación, también serían importantes en el fomento de la innovación, como de hecho lo ha sido, incluso bajo el capitalismo. Un ejemplo de que los socialistas han sido conscientes ha sido el "software de código abierto" movimiento en el que personas separadas geográficamente han colaborado a través de Internet para desarrollar la plataforma informática de Linux. Su trabajo, a la vanguardia de la industria de las TI, se ha organizado sobre una base voluntaria, tratando activamente de evitar el mercado en lugar de utilizarlo.

Un sistema de producción exclusivamente para el uso tendría un conjunto completamente nuevo de prioridades e incentivos para desarrollar en estas áreas y se haría eco de fuentes muy diferentes, tales como la dinámica de la cooperación, la democracia y la libertad implementada para centrarse en aquellas áreas de producción que fueran ampliamente reconocidos como de mayor beneficio.

El rápido desarrollo de la tecnología informática ofrece un nuevo tipo de respuesta a los argumentos a favor del mercado relativa a los cálculos, toma de decisiones e incentivos. El suministro de información sería una parte esencial de la estructura democrática del socialismo y la tarea de diseñar los sistemas que mejor puedan gestionar este será uno de los mayores desafíos que enfrente la sociedad socialista.

El uso de los sistemas de TI en el socialismo no siempre será la faceta de la nueva sociedad que capture la imaginación más. Algunos, incluso, temen que conduzca a un escenario de pesadilla en la que los ordenadores nos empiezan a controlar, en lugar de lo contrario. Estos temores no reconocen el potencial de las TI para facilitar en lugar de dictar la organización social, en la medida en  que se utilizan para trabajar en los intereses del conjunto de la sociedad. Las TI pueden proporcionar las bases para nuevas formas de organización que sobrepasan cualquier cosa que haya o pueda haber existido en el capitalismo.

jueves, 2 de febrero de 2012

Propiedad pública y Propiedad Común (Anton Pannekoek)

El objetivo reconocido del socialismo es sacar los medios de producción de manos de la clase capitalista y ponerlos en manos de los obreros. De este objetivo se habla a veces como de propiedad pública, a veces como de propiedad común, del aparato de producción. Hay, sin embargo, una diferencia marcada y fundamental.

La propiedad pública es la propiedad, es decir, el derecho de disposición, de un cuerpo público que representa a la sociedad, del gobierno, el poder estatal o algún otro cuerpo político. Las personas que forman este cuerpo, los políticos, funcionarios, dirigentes, secretarios, gerentes, son los amos directos del aparato de producción; ellos dirigen y regulan el proceso de producción; ellos mandan a los obreros. La propiedad común es el derecho de disposición por los obreros mismos; la propia clase obrera --tomada en el sentido más amplio de todos los que comparten el trabajo realmente productivo, incluyendo a los empleados, campesinos, científicos-- es el ama del aparato de producción, gestionando, dirigiendo y regulando el proceso de producción que es, de hecho, su trabajo común.



miércoles, 4 de enero de 2012

Engels sobre Thomas Munzer, un pasaje de gran interés.

Escribiendo en 1850 Engels trataba del destino de Thomas Munzer, coma el del líder de un partido comunista llegado al poder antes de que las condicionas estuvieren maduras para el establecimiento de una sociedad comunista. Vale la pena acatar este pasaje extensivamente:

"lo peor que le puede ocurrir a un líder de un partido radical es ser forzado a tomar el gobierno en un tiempo en el que la sociedad todavía no está madura par la dominación de clase que él representa y para las medidas que aquella dominación implica. Lo que realmente puede hacer no depende de su voluntad, sino del grado de tensión alcanzada por el antagonismo de las diferentes clases y del desarrollo de las condiciones de vida materiales, de les condiciones de producción y comercio en la clase sobre la cual siempre existen contradicciones. Lo que él debe hacer, lo que el partido le pide, de nuevo, no depende de él o del grado de desarrollo de la lucha de clase y sus condiciones. El está atado a les doctrinas y reivindicaciones hasta aquí planteadas que, de nuevo, no proceden de las relaciones de clase del momento, o del nivel de la producción y el comercio más o menos accidental. Sino que proceden de la comprensión más o menos penetrante del resultado general del movimiento social y político. De este modo, el se encuentra necesariamente en un dilema insoluble. Se encuentra pues en un dilema insoluble: lo que realmente puede hacer está en contradicción con toda su actuación anterior, con sus principios y con los intereses inmediatos de su partido; y lo que debe hacer no es realizable. El interés del propio movimiento lo obliga a servir a una clase que no es la suya y a entretener a ésta con palabras, con promesas y con la afirmación de que los intereses de aquella clase ajena son los de la suya propia. Quienes ocupan esta posición ambigua están irremediablemente perdidos". (La Guerra campesina en Alemania)

"Profético", si me permitís la expresión.